Drogas: el paradigma de la educación ¿Cómo romper los ciclos de consumo en niños y jóvenes?

“El fracaso como país no está dado si nos recuperamos de la guerra, sino, si nos recuperamos realmente del narcotráfico y la drogadicción”

Martes 18 de septiembre de 2018

Estamos frente a un problema critico de consumo de sustancias psicoactivas en el país. Durante la última década las estadísticas se han disparado impactando a la población escolar, las modalidades de expendido y oferta son cada vez más amplias y diversas. Según el Ministerio de Justicia  de los 10,2 millones de estudiantes en colegios públicos y privados  que tiene el país -estadísticas del 2016-, un 8,3 %  ha fumado marihuana y un 2,7  % a inhalado cocaína, estas son las más comunes, ya existen 32 nuevas sustancias, fácilmente asequible a los menores de edad.  El cartel del microtráfico en  Colombia está moviendo más de 10 billones de pesos anuales.  

El uso y dependencia de sustancias psicoactivas representa un valor significativo en la salud pública, la OMS señala que el 8,9 % de la carga total de morbilidad en un territorio, se atribuye al consumo de sustancias asociadas al tabaco, al alcohol y a las drogas ilícitas. De acuerdo con el último reporte del Observatorio de Drogas en Colombia –ODC- (2017), unas 700.000 personas entre los 12 y 65 años, podrían requerir tratamiento por consumo de drogas. 

Actualmente en Bogotá, según el DANE hay 9.538 habitantes de calle, de los cuales el mayor porcentaje de esta condición se atribuye al uso y dependencia de drogas a temprana edad. De esta población no existen cifras de cuántos menores de edad son habitantes o están en riesgo de padecerla, en el censo solo se incluyó consumidores desde los 12 años.  Información suministrada por IDIPRON indica que a junio de este año, la entidad ha atendido 754 infantes y 785 adolescentes que están en riesgo de consumo de drogas, de estos solo 326 han sido vinculados en el programa de Restablecimiento de Derechos del ICBF. Un evidente panorama de que la política pública para combatir este flagelo en la ciudad, tiene serias falencias estructurales.

La lucha antidrogas no debe estar enmarcada solo en la perspectiva de la oferta  se necesitan estrategias  que impacten en la salud mental y en el desarrollo de una juventud empoderada, para eliminar los ciclos de consumo en la edad adulta. Esta conducta tiene relación con su contexto familiar- la etapa de formación y desarrollo-; social –la escuela-; económico –falta de oportunidades-; así como el grado de curiosidad.

La estrategia eficaz para erradicar este fenómeno y desarticular las bandas criminales del narcotráfico y microtráfico, no sólo depende de operativos, capturas y judicialización, porque al fin, esto es un proceso más del sistema: hacinamiento en cárceles e investigaciones en curso. La oferta siempre va a estar, es tan masiva la proliferación, que existen cultivos de marihuana “medicinales”, ExpoBogotá Cannabis, en internet, redes sociales y el mercado negro de la era digital (Deep Web), trasciende el expendido de sustancias psicoactivas.

Es verdad que, pertenecemos al selecto grupo de las naciones de la OCDE deberíamos dar una mirada a las políticas que estos países emprenden para enfrentar la adición de las drogas en la juventud. Islandia, actualmente ocupa el primer puesto en el mundo con adolescentes que tienen un estilo de vida saludable. El porcentaje de los que habían consumido sustancias psicoactivas alguna vez ha pasado del 17 al 7%, y el de fumadores diarios de cigarrillos ha caído del 23% a tan solo el 3%.

Islandia empezó a cambiar  la historia y decidió crear un programa unificado donde la familia, la escuela, la ciudadanía y el gobierno juegan un papel importante para erradicar los ciclos de malas costumbres y adicciones. La juventud de ese país comparte más en familia, asiste a actividades extracurriculares que estimulan sus habilidades y conocimientos.

El país nórdico demostró que la fórmula mágica para disminuir los índices de consumo de sustancias psicoactivas está en la educación, Chile es el único país de Latinoamérica que esta implementado esta estrategia y Colombia ¿seguirá en el paradigma de  las  políticas de prevención del consumo? ¿Cómo debe pensarse entonces la política de drogas en el país para impactar y erradicar los ciclos de consumo?

Esta situación debe abordarsedesde cuatro componentes principales: familia, escuela, sociedad y gobierno. Un plan intersectorial  que recopile patrones, reconstruya los datos existentes sobre el consumo de drogas, la evolución del problema y la efectividad de las acciones. También es necesario profundizar en estudios desde la perspectiva de los hogares.

Familia. Las relaciones negativas entre padres e hijos, incluyendo aspectos como los lazos afectivos, el rechazo y viceversa, la escases de tareas compartidas, tiempo juntos, entre otros, aparecen como variables constantes en un gran número de consumidores.  La familia tiene un relacionamiento directo en el comportamiento del adolescente. Un ambiente donde los  niños y jóvenes pueden compartir sus problemas sin miedo con sus padres y una actitud no permisiva, favorece una implicación menor de caer en las drogas (Rivas, Graña 2003)

Escuela. El sistema educativo tiene que reinventarse. Innovar en el aula, en el  aprendizaje y desarrollo de habilidades en los estudiantes, adoptar nuevas estrategias pedagógicas, generar pasión por el aprendizaje, trabajar colaborativamente y desarrollar un juicio crítico para pensar y actuar. Calvo Rodríguez (2003) afirma que formar a las personas para hacer elecciones acertadas en sus estilos de vida en habilidades cognitivas, y socio-afectivas constituye una estrategia fundamental frente a situaciones que pongan en riesgo su integridad física o psicológica.

Gobierno y Sociedad. Los patrones de consumo también están ligados a la construcción de sociedad y comunidad, a la falta de oportunidades económicas y sociales, que en  algunos casos conlleva a generaciones de conductas adictivas y delictivas. Es importante reconocer que el país ha alcanzado progresos importantes en el desarrollo de estudios epidemiológicos y sociales de la problemática, desarticulación de imperantes bandas criminales y estrategias de prevención enfocadas al riesgo, pero no han sido suficientes. La política pública debe estar enfocada primordialmente en la prevención y educación.

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