El POT es un desafío que no admite rencillas políticas

Nos enfrentamos a uno de los retos más importantes para el futuro de la ciudad: el estudio y aprobación del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) que regirá los destinos de la capital en los próximos doce años

Lunes 12 de agosto de 2019

El tamaño de la misión es inmenso y debe estar alejado de ideologías, de rencillas políticas y de intereses personales, porque estamos decidiendo el rumbo que tomará nuestra ciudad.

El debate de este tema no admite mentiras ni verdades a medias, porque están en juego el futuro, la gobernabilidad, la sostenibilidad ambiental y social y la competitividad económica.

Es un tema que debe ser estudiado, debatido y aprobado pensando en los más altos intereses de los ciudadanos y en lo que más le convenga a la urbe más poblada e importante del país, su capital.

Es nuestro deber como concejales que el POT que aprobemos contribuya a orientar un desarrollo de la ciudad en el que haya igualdad, felicidad y democracia en el territorio y que garantice las herramientas para realizar las obras que la ciudad necesita y las condiciones que se requieren para que todos los ciudadanos tengan las mismas oportunidades.

El POT es una herramienta que debe ser construida en colectivo para que todos los sectores se sientan representados y lo asuman como su guía para la acción. Al estudiarlo hemos de cerciorarnos de que las inquietudes ciudadanas queden reflejadas, lo que no implica renunciar al precepto de que el interés general debe primar sobre el particular si es para beneficio de la ciudad.

Quiero invitar a un análisis riguroso y serio. Que consulte la realidad, que tengan en cuenta el mundo en que vivimos y los retos que nos imponen los nuevos tiempos, hoy reflejados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Hacemos parte del mundo urbano que en los próximos años concentrará el 80 por ciento de la población. Y si la gente vive en las ciudades, como dirigente nos corresponde garantizar las herramientas para que haya calidad de vida. Y eso, en últimas, es el POT, una herramienta para garantizar esa calidad de vida.

El POT que nos presenta la administración trae desafíos que debemos ponderar. El concepto de actividad múltiple que debemos equilibrar con el derecho de los barrios residenciales a mantener su vocación y el interés general de acertar las actividades económicas para reducir los tiempos de movilidad.

Tenemos la necesidad de apostarle a una renovación urbana que nos permita optimizar el uso del territorio donde la ciudad ha invertido en urbanismo y por lo tanto se cuenta con redes de servicios aptas para soportar nuevos habitantes. Densificar, pero con calidad.

El desarrollo económico de actividades de alto impacto no pueden ser satanizadas, pero su ejecución debe respetar la tranquilidad y el buen vivir ciudadano. Es nuestro deber que el POT contenga todas las restricciones y acciones de mitigación que garanticen el cumplimiento de las normas, y que de ninguna manera se legalicen usos inconvenientes para la convivencia.

Del tamaño de ese tipo de desafíos es la misión que enfrentamos. Invito a un estudio serio, consciente y consistente. La ciudad necesita con urgencia un nuevo POT pues el actual completa 19 años con sus reformas.

Lucía Bastidas

Concejal de Bogotá

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