Después del año 2020, Colombia en general entrará en una etapa en donde cada vez más habrá población dependiente (niñez y adultos mayores), en relación con la población en edadproductiva, fenómeno que incidirá en la dinámica económica del país y del Distrito Capital.
Frente a esta realidad, para el Concejal Diego García, es claro que Bogotá no se está preparando. Por un lado, las concepciones e imaginarios sobre la vejez siguen siendo negativos, yse refleja en los altos índices de violencia contra los adultos mayores loscuales, según el instituto de Medicina Legal, alcanzaron en el 2011 un total de 210 casos.
Por otro lado, en la actualidad las coberturas en los servicios sociales para el adulto mayor son insuficientes. Si bien en el año 2011 se entregaron 51.246 subsidios y cupos en Centros de Protección para el adulto mayor, las listas de espera alcanzan las3.000 personas en localidades como Usme. Y es previsible que esta tendencia aumente en los próximos años. Lo que demandará más recursos por parte del Estado. De hecho, hoy en día tan solo una tercera parte de los adultos mayores recibe una pensión.
Pero lo más grave son lasproyecciones de la vejez del futuro. En una ciudad donde los niveles de informalidad alcanzaron un 45,2% en el primer trimestre de 2012 según el DANE, la inversión en juventud es baja. Implicaría desarrollar una política educativa enfocada al trabajo, realizar campañas de fomento del ahorro y promover proyectos de vida de largo plazo.
Es necesario que los jóvenes tengan una mejorcalidad de vida en su vejez, porque a futuro será insostenible financieramenteque la Administración Distrital asuma las ayudas de protección social para la población adulta mayor que lo requiera. En el marco de la Bogotá Humana, la ciudad necesitaurgentemente una mirada estratégica frente al envejecimiento en donde la vejezse conciba no como un momento de dependencia, sino como una etapa de la vidaque también aporta a la construccién de la ciudad.







