Bogotá no se merece el cabildo que tiene
EL TIEMPO Mayo 1 del 2011
Lo digo en mi calidad de concejal: Bogotá no se merece el Concejo que tiene. Lo dijo también el programa 'Concejo, cómo vamos' y lo editorializó acertadamente este diario. En gracia de discusión, aceptemos que el Concejo se enfrenta a una suerte de paradoja legal, que podría explicar el poco impacto de su actuación. Por un lado, su estatuto orgánico, el Decreto 1421, le confiere al Concejo el estatus de primer poder público de la ciudad; mientras por el otro, el mismo estatuto y las normas de ordenamiento territorial o presupuestales, consolidan una suerte de "presidencialismo distrital" otorgándole facultades y poderes amplios al Alcalde. Reconozcamos que un grupo de concejales hace bien su tarea. En justicia, recordemos también que fuimos cinco concejales quienes, desde el 10 de junio del 2009, en carta aún sin respuesta, le advertimos al alcalde Moreno que "respecto a la contratación no podría haber mas rumores sobre la presencia de un cartel que todo lo controla y todo lo decide". Pero aún así, nada justifica su poca productividad. Y mucho menos la pasada de agache al control político que ha debido hacerse frente al 'cartel de la contratación', el escándalo de corrupción más importante en la historia reciente de la ciudad. Lo grave no solo es que el Concejo esté ausente e invisible frente a la coyuntura. Lo mas grave son las razones que explican tal ausencia. Unos poderes de facto actúan por encima de las bancadas políticas para controlarlo todo. La elección de los órganos de control, la programación de los debates para favorecer o presionar a funcionarios o el manejo del quórum constituyen prácticas recurrentes. Pero lo que ha quedado al descubierto en la coyuntura es el silencio cómplice de concejales frente a hechos delictivos que comprometen a reconocidos contratistas de la ciudad. O la invocación del espiritú de cuerpo para impedir el debate público en momentos en que algunos ya son mencionados como parte del escándalo de corrupción. Quizás la ruptura de las perversas relaciones entre concejales y contratistas sea un buen comienzo para consolidar el poder de control político. Se requiere también de un sentido de responsabilidad de los partidos para responder por sus representantes en el cabildo distrital. Porque las responsabilidades judiciales son individuales, pero las políticas son colectivas. Por lo pronto, en octubre próximo la ciudadanía tiene la oportunidad de renovar y depurar éticamente las corporaciones públicas de la ciudad. Y el Concejo es el primero y el más importante. ANTONIO SANGUINO Bogotá no se merece el cabildo que tiene (Opinión)
Antonio Sanguino
Concejal del Partido Verde


