Un pa韘 sin izquierdas
Es una verdadera mamertada insistir en que nuestro conflicto armado es el resultado de la desigualdad social. Como es una estupidez negar la existencia del conflicto.
Tan est鷓ida como la necedad de afirmar que el desplazamiento por
razones de violencia de m醩 de tres millones de compatriotas corresponde
a un simple fen髆eno migratorio, como lo dijo el pasado gobierno por
boca de Jos Obdulio.
Que la pobreza sea el tel髇 de fondo de la
violencia pol韙ica nadie lo discute. Y que junto con el narcotr醘ico,
como hecho m醩 reciente, son el combustible de la guerra, tampoco. Pero
nadie puede olvidar que la exclusi髇 pol韙ica es la variable definitiva
presente en la g閚esis de la insubordinaci髇 armada. Las FARC y el EPL, y
luego, el ELN y el M-19, constituyen el reclamo armado de las
izquierdas al cerramiento del r間imen pol韙ico expresado en el pacto del
Frente Nacional que reparti por igual el poder pol韙ico a liberales y
conservadores.
Las izquierdas transitaron, a pesar de
intolerancias y muertos por millares en sus filas, a la arena de la
lucha civil. Los acuerdos de paz y la constituci髇 del 91, la lucha
social y la actividad acad閙ica progresista le abrieron espacio a una
izquierda con vocaci髇 de gobierno y sentido de largo plazo. El Polo fue
el resultado final luego de varios bautizos como se acostumbra en la
pol韙ica zurda. Y con ello se invalid la recurrencia a la violencia con
fines de cambio social. Se cre una fuerza pol韙ica capaz de
interpretar a los pobres y excluidos.
Por ello la actual crisis
del Polo es una mala noticia para la democracia colombiana. Las
democracias modernas y consolidadas tienen en la competencia y
alternancia pol韙ica izquierda/derecha un pilar fundamental. Como
tambi閚 es cierto que los sistemas pol韙icos no se agotan en ese
binomio. Los partidos verdes o las opciones pol韙icas que interpretan
demandas territoriales o culturales, como tambi閚 la competencia por el
centro pol韙ico son rasgos que enriquecen las nuevas realidades.
Es
evidente que el Polo fracas en su pretensi髇 de arropar e interpretar a
todo el universo variopinto de la izquierda colombiana. O quiz醩 su
crisis se deba a tal pretensi髇. Aunque algunos de sus sectores
emprendieron una b鷖queda en otros proyectos pol韙icos, es evidente que
el Polo, hoy por hoy, representa el referente de las tradiciones m醩
cl醩icas de la izquierda colombiana. Y es bueno que as sea.
Tambi閚
es bueno que las izquierdas en el Polo asuman que su proyecto de
justicia social no es incompatible con el gusto por la 閠ica p鷅lica.
Que la transparencia es una bandera progresista. Las otras expresiones
de las izquierdas deben adem醩 mantener la b鷖queda de una sociedad sin
exclusiones de ning鷑 tipo y ambientalmente sostenible.
Ojal la
sociedad colombiana haya entendido por fin la utilidad de una izquierda
caracterizada compitiendo en la arena institucional. Y que el Polo haya
aprendido la lecci髇 que tan dolorosamente le dio la familia Moreno
Rojas. Se puede ser marxista vehemente pero decente.
Twitter:
@AntonioSanguino


