El cr醫er de la discordia

  Semana.com s醔ado 16 Julio 2011

Domingo 17 de julio de 2011

La explotaci髇 de tres canteras en el sur de Bogot tiene en un pulso a muerte al Distrito, la empresa privada, la Iglesia y hasta los militares.


縈iner韆 en Bogot? Mientras todo el mundo cree que los esc醤dalos en torno a la explotaci髇 del subsuelo solo tienen lugar en remotas zonas de Colombia, un agujero del tama駉 de tres parques Sim髇 Bol韛ar y de cuarenta metros de profundidad, excavado en medio de la capital del pa韘, lleva a駉s convertido en un drama legal y ambiental que involucra a la gran empresa, la Iglesia, los militares, la poblaci髇 y el gobierno distrital.

En Bogot, miner韆 es sin髇imo de canteras. Y, a diferencia del resto del pa韘, el gran problema no es tanto con las ilegales, sino con algunas de las pocas legales. En la capital, de las 107 canteras, solo siete est醤 autorizadas. Este cr醫er de la discordia pertenece a tres de ellas y, desde 2002, es objeto de un monumental enredo judicial que ha abierto el debate sobre prohibir la miner韆 en la ciudad.

Del campo al pleito

Esta explotaci髇 de grava y arena de 319 hect醨eas est enclavada en el sur de Bogot, en Tunjuelito, en una zona en la que viven alrededor de dos millones de personas. El agujero es resultado de medio siglo de extracci髇 de materiales para la construcci髇, que empez cuando el lugar era tan alejado que los bogotanos iban a hacer paseo de olla y a pescar al r韔 Tunjuelo -que originalmente atravesaba el terreno de la explotaci髇-. Con la urbanizaci髇, lo que era una cantera apartada qued en medio de barrios piratas que se fueron legalizando y de curtiembres, aguas residuales y basuras que convirtieron al r韔, una vez orgullo de los muiscas, en una serpiente f閠ida cuyo cauce, desviado por las mineras, se alebresta desde entonces provocando inundaciones feroces.

Cementos Samper inici la explotaci髇 en 1945. Por esa 閜oca, la Arquidi骳esis compr un terreno aleda駉, para montar un colegio rural de educaci髇 t閏nica, que, dos d閏adas despu閟, rodeado por la cantera, se mud para otro lado. "Tuvimos la suerte de comprar unos terrenos que resultaran una minita", afirma Eduardo Gonz醠ez, director ejecutivo de la Fundaci髇 San Antonio, de la Iglesia, due馻 del colegio y de parte de la cantera, al explicar que decidieron meterse en el negocio de la extracci髇 para financiar sus obras sociales. Dos grandes empresas, Cemex y Holcim, adquirieron luego predios all para obtener materiales para la construcci髇.

Para poder sacarle la grava y la arena a la tierra, se ha desviado el cauce del r韔 Tunjuelo tres veces. Una decisi髇 que se tom en contra de las leyes de la naturaleza, pero no de las del hombre, pues la CAR las autoriz, y le ha salido muy cara a la ciudad: el r韔, con cada invierno fuerte, se rebelaba contra el cauce artificial impuesto por la miner韆.

En 2002, cuando en una de esas inundaciones el Tunjuelo cubri con sus aguas m醩 de seiscientas casas, el Acueducto, para prevenir una tragedia mayor, rompi los jarillones y desvi 25.000 millones de metros c鷅icos hacia las c醨cavas de las mineras. "Esos huecos que tanto da駉 le han hecho al r韔 nos salvaron la vida. Si no, Tunjuelito ser韆 hoy recordado como otro Armero", dice 羖varo Castillo, presidente de la Junta de Acci髇 Comunal de la 閜oca. El problema es que esa decisi髇 de emergencia -que el Acueducto nunca ha reconocido- gener un l韔 jur韉ico y ambiental que no se ha resuelto hasta hoy.

Las empresas y la Fundaci髇 entablaron una demanda por 400.000 millones de pesos contra el Distrito, pues las lagunas de aguas putrefactas que se formaron al desviar el agua para evitar que inundaran m醩 casas las obligaron a suspender sus actividades y, luego, a trabajar a media marcha por a駉s. Para colmo, el Acueducto nunca logr extraer toda el agua. El terreno de la Fundaci髇 San Antonio sigue inundado. Lo que hoy parece de lejos unas hermosas lagunas en pleno Tunjuelito es en realidad agua empozada por a駉s, que genera olores putrefactos y atrae ratas y moscas en medio de una zona densamente poblada. "No tiene presentaci髇 que no se solucione esto despu閟 de diez a駉s", afirma Victoria Vargas, directora de asuntos corporativos de Holcim.

Vuelve y juega

En 2008, a este l韔 se sum un protagonista inesperado. La Escuela de Artiller韆 del Ej閞cito, cuyo predio es aleda駉, vio la oportunidad de trasladarse lo que permiti a Holcim, que tiene all un titulo minero, explotar su terreno. El entonces ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, y el alcalde Samuel Moreno anunciaron un acuerdo para mudar la Escuela de Artiller韆 y emprender un nuevo proyecto minero que incluir韆 recuperar el r韔 y construir un parque. "Este proyecto es muy importante para el desarrollo del sur de Bogot y el bienestar de sus habitantes, tal vez lo mejor que se va a realizar all en los pr髕imos a駉s", asegur Santos entonces.

La perspectiva de usar el predio de los militares abri una posibilidad de conciliar el pleito, que llevaba a駉s en el Tribunal de Cundinamarca. Se lleg a considerar que las empresas y la Fundaci髇 renunciaran o conciliaran su demanda por 400.000 millones de pesos a cambio de que el gobierno capitalino les permitiera ampliar la explotaci髇 a casi cien hect醨eas en ese terreno. Sin embargo, nunca lograron llegar a un acuerdo final. Y a駉 y medio m醩 tarde, una s鷅ita decisi髇 del Distrito alborot de nuevo el viejo avispero.

A mediados de 2010, la Secretar韆 de Medio Ambiente orden el cierre temporal de las tres explotaciones por usar el recurso h韉rico subterr醤eo sin permiso, no respetar la ronda del r韔 y causar su desviaci髇. "El da駉 ambiental producto del desarrollo irresponsable y desordenado de la miner韆 es irreparable. Arreglarlo tomar muchos a駉s y grandes inversiones, que deben ser asumidas por quienes explotaron los recursos naturales sin conciencia", dijo el secretario de Ambiente, Juan Antonio Nieto.

Las empresas y la Fundaci髇 alegan que todas las intervenciones al r韔 fueron legales, y que no necesitan permiso para tomar las aguas subterr醤eas. En los seis meses que dur el cierre, interpusieron una veintena de tutelas y otros recursos jur韉icos. Hoy no solo enfrentan la posibilidad de una clausura definitiva, sino sanciones hasta de 2.500 millones de pesos diarios. Si, como dice Nieto, "deben responder por un da駉 de m醩 de cincuenta a駉s", la cifra ser韆 astron髆ica.

En este momento, los protagonistas est醤 m醩 agarrados que nunca. Con el tsunami pol韙ico del Distrito y la suspensi髇 del alcalde Moreno, la perspectiva de llegar a un acuerdo se ve m醩 lejos que antes -con la complicaci髇 de que trasladar la explotaci髇 minera al predio de los militares depende de un cambio en el Plan de Ordenamiento Territorial de la ciudad-. En el enfrentamiento no hay poder del pa韘 que no se sienta afectado y que no tenga un argumento. La Iglesia reclama que con los ingresos de esa mina financia la educaci髇 de 3.500 ni駉s pobres (y que debi suspender la atenci髇 a seiscientos de ellos a ra韟 del cierre en 2010), los gremios advierten que sacar las canteras de la capital encarecer韆 los materiales de construcci髇, algunos concejales denuncian que las regal韆s que recibe la ciudad son irrisorias y hasta los militares tienen frenada su mudanza.

Mientras tanto, los dos millones de bogotanos que se calcula viven en los alrededores esperan una soluci髇 a los problemas de salubridad y al riesgo que representa tener esa herida abierta. Por eso es urgente poner fin a la discordia en torno a ese hueco gigante en el sur de Bogot. Y no parece haber soluci髇 posible distinta a una salida negociada. El cierre definitivo de las empresas puede ser una medida simb髄ica sin antecedentes, pero prolongar韆 el pleito por las demandas y apelaciones millonarias que estas interpondr韆n. Dejar las cosas como vienen ser韆 condenar al r韔 Tunjuelo y a sus habitantes al progresivo e irreparable da駉 ambiental de las canteras. Y, en cualquier caso, el impacto que generan el hueco y las aguas estancadas debe ser atendido.

La situaci髇 debe llevar a discutir, incluso, si debe existir miner韆 dentro de Bogot, como han propuesto algunos concejales. Sin embargo, lo m醩 lamentable es que el l韔 lleve casi una d閏ada sin soluci髇. Basta imaginar esa piscina gigante y putrefacta y tres canteras en medio del Chic para entenderlo. Como dice 羖varo Castillo, el l韉er de Tunjuelito: "Durante muchos a駉s solo nos han ca韉o las aguas sucias y ahora estamos esperando que las aguas pol韙icas vuelvan a su cauce. Si este problema estuviera en los barrios de los que toman las decisiones, ya se habr韆 resuelto".


Ver art韈ulo relacionado: Un p閟imo negocio

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