Por Antonio Sanguino
No deja de ser ex髏ico que Jaime Castro se haya inscrito como candidato a la Alcald韆 de Bogot por el movimiento Autoridades Ind韌enas de Colombia 朅ICO-. O que Antanas Mockus lo haya hecho en nombre de la Alianza Social Ind韌ena, ahora rebautizada como Independiente, ASI. Y adem醩 de ex髏ico, resulta aberrante y ofensivo que la aspiraci髇 a la Alcald韆 de Dosquebradas (Risaralda) de Roberto Jim閚ez, hermano del exjefe paramilitar alias 揗acaco, se haga con el aval de un movimiento afrodescendiente.
Nos dir醤 que todos tenemos genes ind韌enas. Y que nuestro mestizaje tiene un componente afro o negro. Que las discriminaciones y desigualdades por razones 閠nicas han desaparecido en nuestros contextos pol韙icos. Que no existe ninguna diferencia que impida a cualquier ciudadano representar a las comunidades ind韌enas o a las afrodescendientes en el escenario p鷅lico. Y hasta dir醤 que no existe ning鷑 impedimento f醕tico ni legal para que los movimientos pol韙icos surgidos de estas minor韆s aspiren a representar a toda la sociedad.
Otra cosa dice la Constituci髇 de 1991. O su esp韗itu reformador y la imagen in閐ita de tres representantes ind韌enas haciendo parte de la Asamblea que la promulg. Y otra cosa dice la larga historia de lucha de est醩 minor韆s por lograr un espacio digno en la sociedad colombiana. Primero, la remota resistencia a la Conquista y al esclavismo. Luego la b鷖queda m醩 contempor醤ea del reconocimiento como parte de la naci髇 y la creaci髇 de una normatividad que les garantizara a estas comunidades sus derechos territoriales y culturales.
Y ello empez con reconocernos constitucionalmente como una naci髇 multi閠nica y pluricultural. All mismo, en el Art韈ulo 246, se abri paso el reconocimiento de sus territorios, jurisdicciones y autoridades aut髇omas. Y con las circunscripciones electorales para ind韌enas y negritudes, ordenadas por los Art韈ulos 171 y 176, se reconoci a los movimientos pol韙icos de origen 閠nico y se asegur su representaci髇 en el Congreso de la Rep鷅lica. M醩 a鷑, estos movimientos y representantes suyos han gobernado para toda la sociedad como ocurri con Floro Tunubal como gobernador del departamento del Cauca.
Que los ind韌enas o los afros nos gobiernen o nos representen, si as lo decidimos, es consecuente con la Constituci髇. Pero sustituirlos en su representaci髇 es una verdadera aberraci髇. Y usar el aval de sus movimientos pol韙icos para participar en una contienda electoral es un descarado acto de oportunismo pol韙ico y una burla a la Constituci髇.
Seguramente Castro y Mockus no conocen la sentencia T188/93 de la Corte Constitucional que define como Comunidades Ind韌enas al 揷onjuntos de familias de ascendencia amerindia que comparten sentimientos de identificaci髇 con su pasado aborigen y mantienen rasgos y valores propios de su cultura tradicional, formas de gobierno y control social internos que las diferencian de otras comunidades rurales (D.2001 de 1988, art. 2) -, gozan de un status constitucional especial. Y de pronto, Roberto Jim閚ez, olvid que su hermano dirigi las hordas que desplazaron a sangre y fuego a miles de familias afrodescendientes en el Choc. Pero a los movimientos 閠nicos hay que pedirles respeto por sus representados.
@antoniosanguino
www.antoniosanguino.com



