Alfonso Cano

  Kienyke.com 14/11/2011

Martes 15 de noviembre de 2011

Por Antonio Sanguino

Es un golpe brutal para las Farc. Por vez primera, en lo que va del conflicto, el Estado colombiano da de baja al mximo comandante de esta organizacin insurgente. El impacto en la moral de las tropas guerrilleras debe ser devastador.

Hemos conocido los detalles de la operacin militar. Se ha dicho que su principal error fue haber abandonado el Can de las Hermosas su zona de refugio por varios aos. Que fue clave el trabajo de inteligencia. Que la informacin entregada desde dentro de la guerrilla ayud a detectarlo con precisin. Y que, de nuevo, el poder areo de las Fuerzas Armadas se revel como un factor decisivo en el xito de la operacin.

Todo eso puede ser cierto. Pero me queda la sensacin de que el principal culpable de la muerte de Cano es l mismo. Su terquedad como lo dijo Roberto Senz, su propio hermano, en un reciente relato que hizo para El Espectador. Aunque no era solo un asunto del carcter de su personalidad. Era la rigidez mental proveniente de una formacin poltica cargada de dogmas y sobreideologizaciones.

Y cometi un verdadero error de contexto. Error que para un marxista es imperdonable. Porque Cano muri convencido de que ingresara a la galera de la historia al lado de El Che o del cura Camilo. No advirti que la guerra revolucionaria de aquellos o en la que ingres desde muy joven, termin convertida en un conflicto degradado que ha violado todas las fronteras ticas. Degradada por cuenta del terrorismo, el secuestro y el narcotrfico. No entendi que su oportunidad no estaba en esa guerra ticamente devaluada. Que su ingreso a la historia dependa de su liderazgo para poner punto final a la confrontacin armada y contribuir en la construccin de la paz. No entendi que es ese el herosmo que reclaman estos tiempos.

Algunos ilusos han dicho que por su perfil poltico, la muerte de Alfonso Cano es un golpe a las posibilidades de paz con las Farc. Quisiera equivocarme, pero quizs hoy estemos ms lejos que nunca de un acercamiento para un proceso de paz con esta organizacin. Ivn Mrquez, Timochenco o Catatumbo constituyen una generacin que junto a Cano ingres a la guerrilla luego de su paso por la militancia comunista y por la desaparecida Cortina de Hierro. Una generacin que an no se ha dado por enterada de la cada del Muro de Berln. Una generacin refractaria a los cambios.

Por ello Cano esquiv la paz. Jug un papel bastante discreto en el proceso de dilogo entre las Farc y el gobierno Betancur. Dirn que no tena el suficiente mando para incidir. Pero hizo gala de un maximalismo inviable cuando acudi a las rondas de dilogo de Caracas y Tlaxcala. En el Cagun, a cambio de empujar la negociacin se dedic ms bien a la organizacin del clandestino Movimiento Bolivariano. Y ahora, cuando, en su calidad de Comandante de las Farc pudo darle un giro al conflicto y hacerle una oferta de paz al gobierno Santos, escogi de nuevo la rigidez del dogma que lo condujo a la muerte

@Antonio Sanguino P.

www.antoniosanguino.com

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