Absolutamente responsable me parece la decisión de las secretarías de Salud y Hacienda de ordenar la suspensión del 40 por ciento del presupuesto, que corresponde al gasto que se haría en el segundo semestre del año. Hay que aclarar que es una suspensión y no un recorte de programas ni de presupuesto.
Es un freno a la contratación para evitar que se despilfarren los recursos de la ciudad y para garantizar que queden recursos para empezar a ejecutar los programas propuestos por el nuevo alcalde de la ciudad.
No hay que olvidar que en junio termina el plazo de ejecución del Plan de Desarrollo de la Bogotá Humana, y ahí deben parar las inversiones a esos programas y el resto del presupuesto se debe destinar a las prioridades que determine la nueva administración, cuyo plan debe empezar a regir en el segundo semestre de este año.
Suspender la ejecución del 40 por ciento del presupuesto de los hospitales es una rutina que se hace cada vez que hay cambio de Plan de Desarrollo, como ocurrirá este año cuando el alcalde Enrique Peñalosa presente su plan al Concejo de Bogotá.
Como lo ha dicho el secretario de Salud, Luis Gonzalo Morales, la administración anterior no debía adquirir compromisos más allá de la vigencia fiscal que acaba en junio. Pero el nuevo gobierno encontró contratos comprometidos hasta octubre o hasta noviembre.
Es increíble que se dejaran contratos de publicidad y de asesoría de imagen, y que se hiciera más allá del periodo fiscal que le correspondía al pasado gobierno. La nueva administración está en su derecho de revisar para que no se malgasten los recursos de la ciudad y eso es lo que van a hacer.
Además, la congelación o suspensión del 40 por ciento del presupuesto no es indefinida, sino hasta que se presente el nuevo Plan de Desarrollo y se aprueben las nuevas prioridades. Como lo ha explicado el secretario de Salud el presupuesto ya está aprobado y se ejecutará, pero a la luz del nuevo Plan de Desarrollo.
Lucía Bastidas
Concejal







