REAPARICI覰 DEL PASADO
POR PABLO MORA CALDER覰
ASESOR DE COMUNICACIONES OTG
En el curso de una visita practicada por el equipo de comunicaciones Zhigoneshi a Nabus韒ake el mes de septiembre, emergi de las manos guardianas y celosas de Manuel Chaparro un viejo 醠bum de fotos con la siguiente etiqueta: Fotograf韆s de Nabus韒ake en 1915 (Gustaf Bolinder).
En conjunto de 42 fotos referidas a la cotidianidad de la misi髇 capuchina en el antiguo San Sebasti醤 de R醔ago, al parecer fue recuperado en la d閏ada de los ochenta gracias a las gestiones en Europa de la Asociaci髇 de Trabajo Interdisciplinario, ATI, liderada por Yesid Campos. Las fotos fueron entregadas a las autoridades ind韌enas de la 閜oca, entre quienes se encontraba el Cabildo Gobernador Luis Napole髇 Torres, el Comisario Central Manuel Chaparro, el Cabildo Central Jos Camilo Ni駉 y el Secretario General 羘gel Mar韆 Torres.
縌u sentido tiene hoy, veintisiete a駉s despu閟 de que la misi髇 capuchina saliera de la regi髇, reintroducir el espect醕ulo de viejos abusos? No sobra describir en palabras escuetas que se trata de una jovencita amarrada, un grupo de peque駉s en formaci髇 disciplinar, un mamo al que le est醤 cortando el pelo y otro amarrado por la espalda, conducido por un mestizo sonriente.
La contemplaci髇 de estas im醙enes dolorosas nos hiere y no es suficiente decir que era otras 閜ocas a casi cien a駉s de distancia- y otras costumbres educativas hoy en desuso, como esta de evangelizaci髇 compulsiva. El testimonio fotogr醘ico le hace justicia al temor fundado que despert entre algunos ind韌enas la entrada de los misioneros en 1916. El mismo d韆 se su llegada, algunas autoridades vaticinaron que esos hombres vestidos de negro no iban a ser de buen trato, no consientes, ni estimables, tal como lo rememor en 1968 el escritor arhuaco Vicencio Torres M醨quez en su libro de obligada consulta Los Ind韌enas arhuacos y 搇a vida de la civilizaci髇. Es posible que el recuerdo de la misi髇 capuchina siga causando emociones cruzadas de malestar y admiraci髇, lo que hace justificable revisitar esas im醙enes anacr髇icas.
Convirtamos esta publicaci髇 en un homenaje a esas desaparecidas caras de desconcierto, rabia y verg黣nza; en monumento visual que contribuya a que la conciencia hist髍ica no desaparezca para siempre de la memoria fr醙il de las nuevas generaciones de ind韌enas; y en invitaci髇 a recorrer de la mano de los viejos testigos y de los docentes esa vieja historia de 揷ivilizaci髇.


