La contundencia del Plan Cuadrantes de la Policía Metropolitana de Bogotá ha permitido mayor presencia policial en los puntos críticos de inseguridad y la captura de los más peligrosos homicidas que seguían en libertad; la inteligencia policial aplicada a la seguridad ciudadana y la política de desarme ciudadano que prohíbe el porte de armas con salvoconducto han sido indispensables para reducir los homicidios en la capital.
Sin embargo, falta mucho por hacer. A principios de enero en la localidad de Usaquén se registró una masacre de cinco personas que pertenecían a la banda delincuencial conocida como ‘Los Pascuales’. Las muertes, según las autoridades, se habrían producido por disputas del control territorial entre miembros de una misma familia, por manejar la distribución y el expendio de droga.
Mientras los homicidios disminuyen, persisten focos de violencia, aunque aminorados, en sectores deprimidos de la ciudad. Según el informe “Crimen organizado, intensidad y focalización de la violencia homicida en Bogotá” de la Fundación Ideas para la Paz, hay muchos ‘Pascuales’ en Bogotá. Es decir, existen bandas con las mismas características en zonas de alta pobreza en Bogotá, y en donde la presencia institucional es limitada.
El estudio afirma que ha existido un elevado nivel de concentración de los homicidios en puntos específicos de la ciudad en las últimas tres décadas, y que estas organizaciones están ligadas al accionar de estructuras y redes criminales y delincuenciales, especializadas principalmente, en microtráfico, hurto a personas, casas, comercio y vehículos; y homicidio.
Para contrarrestar este fenómeno, se debe recalcar en una política pública de seguridad urbana que esté estrechamente ligada al fortalecimiento de las instituciones y a la lucha contra los delitos menores para satisfacer las demandas de los bogotanos, mejorar la calidad de vida y el bienestar social de la población, fomentar un comportamiento ético, e inculcar valores que correspondan a la ley.
En consecuencia, es necesario crear un sector administrativo de coordinación de Seguridad Ciudadana cuya cabeza debería ser la Secretaría Distrital de Seguridad Ciudadana, una entidad que se dedique a definir los criterios orientadores para guiar el accionar de las autoridades. El Fondo de Vigilancia ha fallado en ese sentido. La compra de automóviles, segways, cámaras de seguridad, motos eléctricas, y el fortalecimiento de la línea 123 no puede seguir siendo cuestionada, sino quedebe obedecer a un plan integral estratégico definido.
La creación de la Secretaría de la Seguridad fue una propuesta del Alcalde Petro en campaña y en el cabildo distrital esperamos nuevamente a que se radique el proyecto. ¿Le cumplirá a sus electores?
Horacio José Serpa*
Twitter: @HoracioJSerpa
*Concejal de Bogotá






