¿Y quien paga la reparación?

  No la tiene fácil la Alta Consejería para los Derechos de las Víctimas, la Paz y la Reconciliación de Bogotá

Le corresponde diseñar y aplicar un modelo de atención que restituya derechos. Las urgencias que se derivan de las dramáticas circunstancias de las victimas invitan a las instituciones a caer en la tentación de la mera asistencia social. Romper esa tradición en la institucionalidad y en los funcionarios públicos será uno de los más importantes retos de la administración.


El Alcalde le ha encomendado a esta recién creada Alta Consejería la aplicación de la Ley de Victimas y Restitución de Tierras en la ciudad. Cuantos y quienes son las victimas es la primera pregunta que debemos resolver. Se habla de cerca de 400 mil personas. Se dice que Bogotá recibe diariamente 50 nuevos desplazados. Pero los datos difieren entre entidades oficiales y ONGs. Los expertos y múltiples estudios indican que hay un persistente problema en el adecuado registro de esta población. No están todos los que son, ni son todos los que están.


Pero lo que promete convertirse en una fuente de debate público es la financiación de la reparación de las víctimas. No solo porque los recursos públicos siempre son limitados para atender las crecientes demandas sociales. Dicha limitación se incrementa si se trata de atender una población que requiere la restitución plena de todos sus derechos. Y que se incrementa al ritmo que se escala la confrontación militar en el resto del país. También por el volumen de recursos que deberá encontrar la ciudad para cumplir las metas propuestas en el próximo Plan de Desarrollo. Ochocientos mil millones de pesos es la suma tasada por la administración.


Pero el asunto de la financiación ha sido fuente de controversias. Fue el argumento del gobierno del Presidente Uribe y de su bancada en el Congreso para negar en su momento una legislación para las víctimas. “Aprobar una ley así crearía un trauma imparable a las finanzas del Estado” dijeron los voceros oficiales. Pero también fue un debate sobre el concepto de justicia. Con razón hubo voces que reclamaron que la reparación debería ser costeada principalmente por los victimarios. Y esa discusión se saldó con la aprobación de la propia Ley 1448 de 2011 o Ley de Victimas. El artículo 19 obliga al Estado a “adelantar las medidas necesarias para garantizar de manera preferente la persecución efectiva de los bienes de los victimarios con el fin de fortalecer el Fondo de Reparaciones”. La Ley ordena que los derechos a educación, salud y saneamiento básico de las víctimas sean atendidos con recursos de transferencias de la Nación.


Una modernización tributaria para financiar el Plan de Desarrollo es comprensible. Pero que los ciudadanos con más altos ingresos deberían costear con sus impuestos la atención de los derechos de las víctimas es un mal mensaje. Que paguen primero los victimarios. Que la nación transfiera los recursos que la Ley establece. Y que la Alta Consejería convoque la solidaridad de la sociedad bogotana para convertir la atención de nuestras victimas en un escenario de reconciliación, es lo mas aconsejable.

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