El Atun Puncha no es solo una fecha en el calendario; es un latido profundo de nuestra memoria, es la muestra de que están vivos nuestros saberes y conocimientos. Es el inicio de año para el pueblo Inga, un momento de unidad familiar, de compartir, de fortalecer los saberes, de expresar nuestra forma de habitar y cuidar este territorio.
El Kusikuipuncha nos recuerda que somos parte de la naturaleza, que nuestra vida gira alrededor del agua, la tierra, él alimento, nuestra familia y nuestros ancestros. Como concejal indígena Inga, celebro este día con responsabilidad espiritual y política, para promover la protección de nuestros sistemas de conocimiento frente a la homogenización, para defender nuestros saberes frente al olvido y para garantizar que las nuevas generaciones crezcan orgullosas de su identidad.
El Atun Puncha nos convoca a la unidad y a la acción frente al cuidado de la vida, el respeto a la diversidad y a la construcción de una ciudad para todos. Este día nos permite mantener vivo nuestro espíritu por medio del canto y la danza, a fortalecer nuestros saberes, a cuidar de nuestra familia y a honrar a nuestros ancestros.
El Gran día, debería dejarnos como sociedad una gran enseñanza porque en estos tiempos de crisis climática y de rupturas sociales, el pensamiento de nuestro pueblo tiene mucho que enseñar, por ejemplo, la capacidad de unirnos en torno al bienestar común, al respeto por el otro, por la naturaleza, por la paz.
Hoy, alzamos nuestra voz en el Concejo de Bogotá, desde el pensamiento propio y desde el compromiso, no solo con los pueblos étnicos que habitan esta ciudad sino con todos los bogotanos. El Atun Puncha no es solo una celebración, es una semilla de transformación. Porque cuando florece el sol, florece también la vida. Y esa vida, diversa y digna, es la que seguiremos defendiendo.








