La administración del alcalde Carlos Fernando Galán ha presentado al Concejo de Bogotá un presupuesto para 2026 que supera los $40 billones. El rubro de “Movilidad” se lleva la tajada más grande: alrededor de $9 billones.
Pero ojo: ese dinero no se reparte equitativamente y pareciera diseñado para favorecer la gestión administrativa, jurídica, y contravencional de la Secretaría de Movilidad, poner más cámaras de control, más recursos en las plataformas tecnológicas… mientras castiga a quienes usamos vehículo particular.
- La administración destaca aumentos presupuestales en estrategias de movilidad sostenible (bicicletas, ciclo parqueaderos, cicloinfraestructuras, etc.) y señalización.
- Pero lo que no dicen con bombo es que se recorta en un 28 % la inversión para promover el uso del vehículo particular, recorte que golpea directamente a los “tres millones y medio de conductores” que transitamos cotidianamente por Bogotá.
- Se reducen los recursos para transporte de carga, mantenimiento vial de barrios, y otras infraestructuras pensadas para motos y autos. En cambio: presupuesto abundante para más “plataforma tecnológica, abogados y operativos de contravenciones” es decir, más persecución, más comparendos, menos movilidad.
¿El mensaje? Si usás carro, prepárate: la plata va para controles, no para reparar calles, y mucho menos para mejorar la movilidad y el caos de la ciudad.
Seguridad vial y pedagogía: víctimas del recorte presupuestal
Mientras crece el presupuesto para cámaras, señales y persecuciones, este proyecto reduce drásticamente los fondos para prevenir tragedias viales.
- Programas de educación vial, pedagogía, formación ciudadana y cultura de tránsito vitales para salvar vidas, tendrían una caída de 16,12 %.
- La estrategia de seguridad vial, clave para reducir siniestros y proteger a peatones, ciclistas y conductores responsables, se recorta en un 25,34 %.
Traducido al lenguaje real: menos inversión para salvar vidas, más inversión para imponer multas.
No podemos permitir que en Bogotá “invertir en movilidad” signifique solo construir ciclorutas y poner cámaras… si al mismo tiempo se abandona la educación vial y el mantenimiento de vías.
La Secretaría Distrital de Movilidad y el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU), invisibilizan el pésimo estado de la malla vial de la ciudad.
El presupuesto 2026 prioriza el crecimiento institucional, la señalización, las campañas “sostenibles”, pero deja de lado lo urgente:
- Mantenimiento real de la malla vial.
- Mejoramiento de vías locales y de barrio.
- Programas concretos que beneficien a quienes tenemos vehículo particular, o al transporte de carga, sector esencial para la economía.
En lugar de eso: más gasto en estructura, sedes, nómina, burocracia. Un premio a las entidades que no han logrado ejecutar bien en años anteriores.
Y mientras tanto, cientos de frentes de obra del IDU siguen detenidos, calles siguen destrozadas, huecos no reparados, congestionamiento igual o peor.
Como concejal que representa a los conductores, motociclistas y ciudadanos que dependen del carro, la moto o el transporte de carga, El Concejal Forero – Fuchi presentó un paquete integral de proposiciones en el presupuesto 2026:
Estas propuestas no son “caprichos”: son necesidades urgentes de miles de bogotanos que pagamos impuestos, que trabajamos en la calle y que todos los días enfrentamos huecos, inseguridad, siniestros y procedimientos injustos. Pensadas para los motociclistas y conductores que ruedan y mueven la ciudad:
• Fortalecer los emprendimientos y el empleo de motociclistas y conductores, apoyando su economía a través de programas reales de formación y oportunidades.
• Impulsar la cultura ciudadana, la educación vial y la pedagogía en las vías, con promotores de seguridad vial, festivales, actividades comunitarias y formación en comportamientos seguros desde colegios y comunidades educativas.
• Crear y fortalecer la Red de Información de Seguridad para motociclistas y conductores, mejorar los sistemas de videovigilancia del C4 y apoyar frentes de seguridad comunitaria para combatir hurtos, siniestros y violencia en las vías.
• Descongestionar inspecciones de policía y comparendos, garantizando procesos justos, rápidos y transparentes para los ciudadanos.
• Invertir en prevención de siniestros viales, con análisis de puntos críticos, estudios técnicos, kits escolares de seguridad vial, actividades para estudiantes en el tráfico y programas para proteger a las mujeres en el transporte público.
• Reforzar la salud de quienes conducen, con evaluaciones reales de causas de siniestros, programas de salud mental al volante, bienestar en comunidades educativas y tamizajes por smog y contaminación.
• Exigir mantenimiento y mejoramiento de la malla vial local e intermedia, especialmente en barrios donde la UMV tiene capacidad operativa, maquinaria y planta de asfalto.
Bogotá necesita inversión real en la gente, no más persecución, burocracia ni recortes disfrazados.
Llamado urgente: que el presupuesto 2026 sea para la gente, no para seguir fregando al ciudadano
Al alcalde Galán, a la Secretaría de Movilidad y al IDU les decimos, claro y sin vueltas:
Dejen de usar la plata del presupuesto para perseguir conductores y motociclistas.
La plata de Bogotá: lo que pagamos en impuestos, en multas, en sanciones y en todo debe servir para arreglar la ciudad, para mejorar las vías, la movilidad y la seguridad vial de verdad… no para llenar oficinas y poner más controles.
Bogotá no necesita más cámaras, más señalización innecesaria, ni más semáforos donde no hacen falta.
Bogotá necesita calles sin huecos, vías que no colapsen, seguridad real y respeto para quienes trabajamos en la calle.
Y a los que dicen que “todo debe ser movilidad sostenible”, les respondemos: claro que sí, apoyamos estas nuevas modalidades de transporte, pero sin tirarle la puerta en la cara al que se mueve en carro o moto para llevar el mercado, trabajar o sacar adelante a su familia.
Una cosa es avanzar, y otra es castigar a la mayoría de ciudadanos que no tienen otra opción.
Bogotá necesita una movilidad para todos, no solo para unos pocos.
Una política justa, real y pensada para la vida cotidiana, no un show mediático disfrazado de “progreso”.
Concejal de Bogotá








