Bogotá enfrenta una realidad preocupante: de las 48 obras activas en la ciudad, 33 presentan retrasos significativos, lo que equivale a cerca del 69% de los proyectos en ejecución. Una cifra que evidencia fallas estructurales en la planeación, ejecución y control de las obras públicas.
Estas intervenciones, que agrupan más de 1.200 frentes de obra, están impactando directamente la movilidad, la economía y la calidad de vida de millones de ciudadanos, quienes a diario enfrentan trancones interminables, desvíos improvisados y entornos urbanos deteriorados.
No es solo un problema estructural… es un problema de ejecución
En el marco del debate “Bogotá colapsada y el recaudo disparado”, el cabildante expuso cómo proyectos estratégicos para la movilidad presentan avances muy por debajo de lo esperado frente al tiempo transcurrido.
Casos concretos lo demuestran:
- La Troncal Avenida 68 (Grupos 1 y 2), iniciada en 2020 y con entrega prevista para 2026, apenas registra avances del 65% y 71%, pese a comprometer recursos superiores a $690 mil millones.
- La intersección a desnivel de Puente Aranda (IDU 1456 de 2023), clave para la movilidad de la Calle 13, presenta solo un 13% de ejecución, con un contrato cercano a $477 mil millones.
- La ampliación del puente vehicular de la Calle 153 con Autonorte, que debía entregarse en 2023, apenas alcanza un 71,37%, afectando a miles de ciudadanos del norte de la ciudad.
- Incluso obras con avances superiores al 90%, como tramos de la Avenida Ciudad de Cali, siguen incumpliendo sus cronogramas iniciales.
El panorama es claro: hay un patrón sistemático de retrasos.
Aquí también hay un problema de plata… y mucha
El valor inicial de los contratos de las obras hoy retrasadas asciende a $6,8 billones de pesos, a lo que se suman más de $402 mil millones en adiciones presupuestales, reflejando un incremento considerable frente a lo planeado.
A pesar de esto, el Distrito ya ha desembolsado cerca de $2,9 billones de pesos en proyectos que siguen sin cumplirle a la ciudad.
Recursos públicos comprometidos sin resultados visibles, mientras los ciudadanos siguen pagando las consecuencias en tiempo, dinero y calidad de vida.
Bogotá no puede seguir en obra eterna
Esta situación no solo refleja una crisis en la ejecución de infraestructura, sino también un riesgo serio para las finanzas de la ciudad, limitando inversiones en sectores fundamentales como seguridad, salud y educación.
“Bogotá no puede seguir siendo una ciudad en obra eterna, donde a la gente solo le piden paciencia mientras los resultados no llegan”, advirtió el concejal.
Hoy más que nunca, es urgente que las autoridades den respuestas claras, asuman responsabilidades y garanticen el cumplimiento de los proyectos.
Concejal de Bogotá








