Para Diago, este hecho confirma el grave deterioro de la seguridad en sectores estratégicos de la ciudad y pone en evidencia que Bogotá enfrenta hoy una amenaza mucho más compleja que la que reflejan las cifras oficiales. “La pregunta que debemos hacernos es si la política de seguridad del Distrito se ha convertido en una política de apaciguamiento frente al crimen organizado”, afirmó Diago.
La concejal recordó que, aunque las estadísticas oficiales reportan una leve disminución en delitos como homicidio o extorsión, esta supuesta mejoría no se ve reflejada en la realidad que viven diariamente los ciudadanos. “Las cifras pueden estar mostrando una verdad oculta: una aparente reducción del delito que en realidad responde a un estatus quo criminal, donde bandas organizadas dominan territorios completos y el distrito renuncia a disputarles el control”, señaló.
Diago advirtió que el uso de granadas como método de ataque no es un hecho aislado ni nuevo en Bogotá. Durante 2025, esta modalidad se volvió recurrente en sectores como San Bernardo, donde se registraron múltiples explosiones atribuidas a disputas entre estructuras de crimen organizado transnacional, entre ellas el Tren de Aragua. “Que hoy veamos este mismo patrón en Santa Fe es una señal clara de expansión y consolidación de estas organizaciones en el corazón de la ciudad”, agregó.
Según la concejal, la disminución de denuncias o de algunos indicadores delictivos no puede interpretarse como una victoria institucional si lo que existe de fondo es un control territorial de facto por parte de las bandas criminales. “Cuando el crimen impone sus reglas, la violencia puede bajar temporalmente, pero lo que se instala es el miedo, el silencio y la renuncia del Estado a ejercer autoridad. Eso no es seguridad, es falsa tranquilidad”, enfatizó.
Finalmente, Diago, hizo un llamado al alcalde Carlos Fernando Galán y a la Secretaría de Seguridad para que se abandone cualquier enfoque permisivo y se adopte una estrategia integral, sostenida y contundente contra el crimen organizado, especialmente en zonas como Santa Fe, donde la ciudadanía, los comerciantes y los trabajadores viven hoy atrapados entre la violencia y el abandono institucional. “La seguridad no se mide solo en estadísticas, se mide en la tranquilidad real de las personas. Y hoy Bogotá, claramente, no está tranquila”, concluyó.
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