De mermeladas y coaliciones

Hay que ser políticamente moderno. Y parecerlo. Un sistema político moderno se caracteriza por la existencia de partidos políticos fuertes que representan proyectos de sociedad, cuentan con democráticas estructuras organizativas internas y compiten en la arena electoral por el poder del Estado.

Y en las experiencias democráticas contemporáneas dichas circunstancias no niegan la construcción de coaliciones para gobernar. Para “formar gobierno” se dice en regímenes parlamentarios.

 

Los partidos existen por motivaciones programáticas e ideológicas. Y las coaliciones corresponden a realidades políticas. A condiciones concretas en la lucha por el poder y en el ejercicio del gobierno. El más elemental sentido común indica que si un partido logra una mayoría absoluta para ejercer el gobierno, no necesita negociar con nadie su programa. Puede, en teoría, ejecutarlo solo y a cabalidad. Pero si su mayoría es relativa debe buscar un acuerdo con aquellos partidos con los cuales tiene coincidencias programáticas para alcanzar el margen de gobernabilidad que requiere para gobernar. Probablemente su programa original tendrá modificaciones como producto de los acuerdos. Unas por otras. Se sacrifican elementos del “programa máximo” a cambio de contar con los suficientes recursos de poder para gobernar la sociedad. Siempre, estos “acuerdos programáticos” tienen “consecuencias burocráticas”. Si así se hace, se enaltece la política.

 

También hay una habitual manera de degradar la actividad pública: el “lentejismo” o la repartición de mermelada, como se llama en el argot bogotano. Me temo que el Gobierno Distrital se equivoca en el enfoque y en las formas con las que pretende “armar” una coalición. Y lo que hemos conocido se parece más bien a una repartición burocrática sin alcances programáticos. Ya lo dijo la Concejal capitalina del Partido de La U Clara Lucia Sandoval cuando advirtió que no existe ningún acuerdo programático entre su Partido y la administración Petro que justifique el nombramiento del nuevo Secretario de Movilidad, Ricardo Rodríguez, quien según el senador Aurelio Iragorry, presidente de esta colectividad, llegó al cargo recomendado por ellos. Y no se necesita recordar la distancia ideológica y política entre La U y los Progresistas, el movimiento político del Alcalde.

 

Lo propio ocurre con el Verde, con quien se podría explicar más fácil una coalición por sus coincidencias en el modelo de Estado y Sociedad del Alcalde y su Plan de Desarrollo. Y por la historia en común de una parte de sus dirigentes con los líderes progresistas, incluyendo al propio Alcalde. A cambio de un “Dialogo Distrital” que ponga en blanco y negro coincidencias y desacuerdos sobre asuntos concretos de la ciudad propuesto por la Dirección Nacional Verde, el Alcalde escogió el atajo de una participación de un sector de este partido en la Secretaría de Ambiente. Ojalá el gobierno distrital no cambie la posibilidad de las concertaciones públicas con este Partido, por la negociación a escondidas y al menudeo.

 

Está bien que el Alcalde reconozca que requiere una mayoría para gobernar la ciudad. Pero ojalá la construya alrededor de coincidencias programáticas y sin detrimento de la labor fiscalizadora del Concejo. Eso sí es progresismo político.

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