hoy la Ministra de Educación se enfrenta a sectores muy conservadores de la sociedad por acatar un fallo de la Corte Constitucional que busca “implementar mecanismos de detección temprana, acción oportuna, acompañamiento y seguimiento a casos de acoso escolar”.
Todo ha desatado una gran polémica en un país que atraviesa por uno de los procesos más complejos, pero a la vez con mayor impacto en su historia, buscando la paz duradera, la reconciliación entre conciudadanos, en medio de este escenario vemos como surgen pequeñas “guerras” ideológicas, suscitadas por posturas diversas e intransigentes.
Llama profundamente la atención que muchos de los que gritan a viva voz el anhelo de una paz duradera hoy se enfrenten, como enemigos, aferrados a posturas radicales, listos para disparar a todo aquel que piense diferente y que viva diferente.
La inclusión va más allá de aceptar la diversidad de género; una verdadera inclusión radica en aceptar las ideas ajenas y en tolerar a quienes no actúan igual, en un ámbito de respeto que es el único vehículo para llegar a la paz que Colombia necesita.
La pelea no se puede enfrascar en la necesidad de demostrar cual sector tiene la razón; la trasformación hacia un modelo educativo equitativo, incluyente y de calidad no debe tener de por medio enfrentamientos ideológicos marcados por la moralidad o la inmoralidad, según los ojos de quien lo observe.
Una sana discusión requiere adentrarse en las verdaderas necesidades que tiene el modelo educativo en Colombia; implementando una educación que permita elevar el nivel competitivo de los estudiantes llevándolos a escenarios internacionales, mejorando el nivel educativo de los docentes, garantizando mejores infraestructuras y más Instituciones Públicas con jornadas únicas; acciones que permitirán hablar de una educación incluyente, sin barreras y orientada a la construcción de un país basado en el respeto, la tolerancia y la equidad.






