Es un nuevo eslabón de una cadena de ataques, el anterior denunciado por la misma Unidad Nacional de Protección, que comprometen también la vida de los investigadores Claudia López, Ariel Ávila y León Valencia.
Estelar ha sido el papel de Arcoiris en la investigación y documentación de la parapolítica. Esa mezcla muy colombiana de estructuras criminales, agentes del Estado, narcotráfico y redes políticas tradicionales. También han documentado la mutación del paramilitarismo en Bandas Criminales o BACRIM y adelantaron un seguimiento permanente y riguroso a la evolución del conflicto armado colombiano. Es conocido también el aporte de esta ONG al debate público sobre las políticas de seguridad de Bogotá y otras ciudades y regiones del país. Esa muy importante labor es suficiente para que la sociedad colombiana la proteja y para que el Estado blinde y garantice plenamente su trabajo. Porque de allí se derivan buena parte de las amenazas y riesgos que se ciernen sobre ella.
Pero hay otro papel de Arcoiris que antes y ahora aumentan su vulnerabilidad. Han participado activamente en la promoción del proyecto “Tierra y Vida” y procesos de movilización por la restitución de tierras en la región de Urabá y el Caribe colombiano. Allí han jugado un destacado liderazgo Alejandro Suárez, Carmen Palencia y el hoy candidato verde al Senado Antonio López, tres de los amenazados. Y en coherencia con su historia mantienen un indeclinable compromiso con la solución política y negociada del conflicto armado. Por ello adelantan permanentes acciones para ambientar los diálogos de La Habana y acompañan, formulando recomendaciones puntuales al Gobierno Nacional, un eventual inicio formal de diálogos entre el Gobierno Colombiano y el Ejército de Liberación Nacional.
Sospecho que en las últimas amenazas tienen las manos metidas sectores recalcitrantes que se oponen a la búsqueda de La Paz por la vía del diálogo y la negociación. Que no le perdonan a Arcoris y a sus directivos provenir de un proceso de paz como el de la Corriente de Renovación Socialista. Que haciendo gala de una mentalidad de “guerra fría” dicen equivocada y maquiavélicamente que Arcoris es una especie de “rostro legal” de los elenos. Y que pretenden sabotear los diálogos con el ELN atacando al más importante y exitoso referente de La Paz de los noventa.
Al gobierno colombiano le corresponde evitar que estas amenazas se cumplan. Sería un pésimo mensaje para quienes estamos invitando a cambiar las armas por los argumentos y los votos. Identificar a quienes están detrás de estas amenazas. Y proteger adecuadamente a los amenazados para que no tengan que salir del país e interrumpir su labor pública. Y no abandonar el compromiso por “cesar esta horrible noche”.






