Que la pelota no se manche más de barro

Creado: Jueves 5 de febrero de 2026

Desde la entrega en concesión del estadio El Campín, a finales de 2023, se advirtió sobre el progresivo deterioro que podría presentar el coloso de la 57. Tres años después, los registros fotográficos de la prensa, las quejas de los futbolistas y los testimonios de miles de aficionados durante esta semana terminaron por confirmar las múltiples alertas y preocupaciones que, desde distintas voces, se expresaron en su momento. El ocaso de El Campín era una situación previsible, sobre todo si se tiene en cuenta que, en los próximos años, esta infraestructura dejará de existir tal y como la conocemos los bogotanos.

Sin embargo, más allá de la inevitable demolición que tendrá este escenario, las pésimas condiciones de la gramilla del estadio El Campín, así como la baja capacidad de vigilancia, seguimiento y control por parte del IDRD frente a esta problemática —que ya es recurrente en los últimos dos años—, evidencian una gran paradoja frente a la cual, hasta ahora, no existe ningún tipo de respuesta institucional, ruta o solución a la vista. Si bien Bogotá ha crecido de manera significativa en número de aficionados al fútbol, en participación en finales de torneos locales con sus equipos tradicionales y en la realización de competencias oficiales de carácter internacional —en especial en la organización de mundiales de distintas categorías—, la ciudad también se ha quedado detenida en el tiempo, aplazando década tras década la construcción de nuevos escenarios e infraestructuras de gran capacidad y talla mundial que respondan a la dinámica deportiva y cumplan con los más altos estándares internacionales.

La decisión —sensata en pro del espectáculo— de aplazar tres fechas del torneo local que debían disputarse en el estadio El Campín, con el fin de recuperar el mal estado de la gramilla (recuperar es un decir, ya que el 28 de este mes habrá un nuevo evento artístico en el estadio), solo terminó por demostrar la incapacidad de Bogotá para atender grandes eventos artísticos y deportivos de manera simultánea, afectando negativamente la agenda cultural y el desarrollo de la ciudad. La alternativa evidente, el estadio Metropolitano de Techo, hoy resulta insuficiente si se tiene en cuenta la naturaleza e impacto de los partidos que estaban programados por el rentado local (Santa Fe vs. Atlético Nacional; Fortaleza vs. América; Millonarios vs. Pereira).

Esta situación pone de manifiesto el limitado alcance que tiene la capital del país como referente del fútbol a nivel nacional y continental. Mientras Bogotá enfrenta serios problemas para agendar partidos del torneo local por falta de infraestructura tanto pública como privada, en Suramérica ciudades más pequeñas y con menor tradición futbolística sí cuentan con complejos deportivos con capacidades superiores a los 30.000 asistentes.

Solo en Lima existen cuatro estadios de fútbol que superan esta capacidad de espectadores. Por su parte, Guayaquil y Asunción cuentan cada una con dos estadios que cumplen con estas características. De hecho, algunos de estos escenarios —el Monumental “U” de Lima, el Monumental de Guayaquil y el General Pablo Rojas de Asunción— vienen albergando las finales de los dos torneos más prestigiosos de la región: la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana. Para 2026, el turno para la final de la Copa Sudamericana le llegó a Colombia, siendo Barranquilla la sede elegida. ¿Y Bogotá? Bien, gracias: siga participando. Ni siquiera se contempla a la capital del país como sede para albergar la final de la Libertadores o la Sudamericana durante las próximas tres ediciones.

A raíz de lo anterior surge una reflexión ineludible: Bogotá sigue en deuda de contar con otro escenario alterno y de gran capacidad que permita responder de manera efectiva a las crecientes necesidades deportivas, artísticas y culturales de la ciudad. Y la única opción viable es el estadio Metropolitano de Techo, escenario ubicado en la que quizá es la localidad más futbolera de la ciudad: Kennedy.

En particular, desde esta curul se viene insistiendo al IDRD para que avance en un proyecto de ampliación de esta infraestructura, al menos hasta alcanzar un aforo no inferior a los 25.000 asistentes. Las razones para exigir una obra de esta magnitud son múltiples y cuentan con el debido sustento: déficit de equipamientos culturales y deportivos en el sur de la ciudad; disponibilidad de amplias redes de transporte público que facilitan el acceso a esta infraestructura (troncal de Transmilenio de Las Américas y futura línea del Metro por la avenida Primero de Mayo); una importante tradición futbolística en la localidad; contar con la mejor gramilla a nivel nacional y, lo más importante, la disponibilidad de recursos para financiar este proyecto.

Por eso, ante la falta de legados en cabeza de la actual Administración Distrital, es necesario hacer un llamado de atención a quienes toman finalmente las decisiones en materia deportiva: en sus manos está liderar la ampliación del estadio Metropolitano de Techo, el único recinto de fútbol profesional que hoy sigue siendo propiedad del Distrito Capital.

Que el inevitable ocaso que viene presentando el coloso de la 57 no termine por oscurecer la gestión del fútbol en la capital durante los próximos años. Esperamos que la pelota siga rodando y no se manche más de barro.

Equipo Comunicaciones @SoyVahos

contacto Luz Ángela Cárdenas 3002287938

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