Luego de versiones encontradas y revelando un serio problema de información entre su despacho y la línea 123 bajo su mando, se ha comprobado que lo que no existía era el supuesto complot para desprestigiar su administración. Y que además del "asalto de Alcalá", la cadena de hechos que se presentan a diario, socava la seguridad y el confort que en otrora exhibían con orgullo los bogotanos por su Transmilenio.
Pero aparte del hecho grave, convertido en otro desafortunado anécdota del Alcalde, hay cifras que explican en buena parte lo que nos está ocurriendo. Estamos transportando 2.2 millones de personas diariamente en 110 kilómetros/carril cuando deberíamos hacerlo en 380. Apenas terminando el segundo semestre del 2014 procedimos a contratar el arreglo de algunas estaciones. Y en este cuatrienio solo estamos construyendo el carril exclusivo que conecta por la Calle 6 las troncales de La Caracas con la NQS, tramo contratado en el 2010. De antología lo ocurrido con la Cra 7. En la tercera fase se contrató la Cra 10 hasta la calle 32, mutilando un eje vial que se extiende por la séptima hasta la calle 170. Y todo por la promesa del Metro que eligió a Samuel Moreno. Cuando el Metro se reveló técnicamente inviable para "la Calle Real" se contrató un "Transmilenio Ligero" que fue desestimado y liquidado por Petro por su obsesión con el Tranvía que tampoco se hizo.
Con la troncal de Transmilenio por la Avenida Boyacá se está repitiendo la desafortunada historia de la séptima. Un carril que recorrería ocho localidades, que conectaría Usme al sur con la Autopista Norte a la altura de la calle 200 y que transportaría entre 600 y 700 mil pasajeros diarios, ha sido mandado al congelador por cuenta de la Primera Línea del Metro. Olvida la administración que el Concejo aprobó un cupo de endeudamiento para financiar esta obra. Que esta Troncal atendería la demanda hacia el occidente de la capital, que no será resuelta con el Metro que atenderá los flujos de movilidad hacia el oriente. Y que la nación está obligada por ley a financiar hasta el 70% de cada proyecto de movilidad de la ciudad.
Pero además de estas necesidades estructurales del sistema, las deficiencias gerenciales son inocultables. La invasión de vendedores ambulantes, el deterioro de las normas de convivencia, la indiferencia de los usuarios, la despreocupación de los operadores por el deterioro en la calidad del servicio y la ineficacia de la policía son pan de cada día. La visita en días recientes del Ministro de Defensa y sus anuncios, no solo es un show mediático que asalta la responsabilidad y competencia del Alcalde, sino que demuestra que el Estado en esta materia actúa detrás de los acontecimientos.
Se necesita un timonazo en Transmilenio. Hay que reducir el déficit en infraestructura. Hay que mejorar la calidad del servicio exigiendo a los operadores el cumplimiento de sus obligaciones en esta materia, Implementar un eficaz sistema de video vigilancia, recuperar los programas de cultura ciudadana y crear un cuerpo de 500 policías ocupado exclusivamente de la seguridad del sistema cofinanciado por los contratos de operación. Es un timonazo urgente.
@AntonioSanguino






