pensaríamos que convocó las “extras” del Cabildo Capitalino con el único propósito de provocar el hundimiento de sus propios proyectos.
A no ser que haya desplegado una estrategia equivocada. Lo que es más grave. Porque el Gobierno Distrital tiene en la valorización y el cupo de endeudamiento dos temas cruciales en su agenda gubernativa. En el primero, está obligado a desactivar una bomba de tiempo a punto de estallar por cuenta del cobro de dicha contribución que miles de ciudadanos sintieron como injustos, sin que ello signifique sacrificar la cultura tributaria de los bogotanos o propiciar un detrimento patrimonial. Y en el segundo, contar por fin con una razonable y técnicamente justificada autorización de endeudamiento que le permita contratar inaplazables obras de movilidad para la Capital.
Si Petro quiere gobernar, esto es, conducir la sociedad y el Estado en una dirección determinada, se equivocó de “cabo a rabo”. Y si lo que buscaba era librar otra batalla en su declarada guerra contra el Concejo, me temo que tampoco puede cantar victoria. Porque no resulta sensato que las sesiones extras estuviesen rodeadas de una permanente convocatoria suya, de su movimiento y de empleados del Distrito, a manifestaciones y plantones contra la Corporación que debía aprobarle sus iniciativas. Convertir la lucha contra la corrupción, que no es patrimonio exclusivo del Alcalde y del Progresismo, en un instrumento de presión para doblegar al primer poder público de la ciudad y lograr la aprobación de sus propuestas sin modificación alguna, revela una inmensa torpeza. Sobre todo cuando se vio muy escaza movilización ciudadana, y sí mucho funcionario capando sus obligaciones laborales y contractuales por hacerle caso a su jefe.
Al interior del Concejo, el Gobierno Distrital también jugó erráticamente. Sin Secretario de Gobierno y de Movilidad, la interlocución con el Cabildo entraba debilitada. Y la Directora del Instituto de Desarrollo Urbano y el Secretario de Hacienda, que hacían sus mejores esfuerzos, deslucían por su nula capacidad de concertación. Mientras los ponentes de valorización proponían formulas para salvarla, convirtiéndola en una de beneficio general que permitiera financiar un paquete de 15 obras viales y proponían un listado de otras 18 obras para ser financiadas por cupo de endeudamiento, el gobierno prefirió el “todo o nada”. Incluso, rechazaron la propuesta final de incluir en el proyecto de valorización un artículo que autorizara un cupo por $2.4 billones con destino a la primera línea del Metro, los Metro cables para Ciudad Bolívar y San Cristóbal y la Troncal de Transmilenio de la Avenida Boyacá, como salvavidas frente a un eventual hundimiento del Proyecto del Cupo por falta de tiempo.
Como para cerrar con broche de oro, faltando una hora para que terminaran las sesiones, apareció en escena la bancada Progresista. Pero solo para configurar una estrecha mayoría que pidió hundir los dos proyectos. Mayoría que durante 20 días de sesiones no construyó para hacerlos aprobar. Que desperdicio.
Marelby AGATTÓN






