“La educación: mi compromiso con los bogotanos” : Ángela Garzón

Me enorgullece venir de la educación pública. Estudié desde los 5 años en el Colegio de la Universidad Nacional. Posteriormente pasé el examen de ingreso a la Nacional, donde recibí mi título de filósofa. La excelente formación que recibí me ha permitido desenvolverme personal y profesionalmente en mi vida y saber con certeza que apostarle a la educación pública vale la pena.

Sábado 12 de enero de 2019

La discusión sobre la educación pública debe trascender el número de cupos que se deben ofrecer. Para mí debe ser una educación pública de calidad, que permita potencializar las capacidades individuales de cada estudiante que se forme en ella, que cada niño y joven tenga la oportunidad de recibir una educación tan buena o mejor como la que recibimos quienes estudiamos en colegios públicos que están siempre en el ranking de los mejores, esto no debe ser una excepción sino una regla.

Otro aspecto muy importante a considerar son los entornos escolares seguros.

Es muy difícil que los niños y los jóvenes puedan realmente desarrollar todas sus potencialidades si están expuestos al miedo, a la violencia y al reclutamiento a bandas criminales alrededor de sus colegios.

Una apuesta para lograr tener educación de calidad y proteger a nuestros menores es la jornada única. Se ha demostrado que en donde existen colegios de jornada única se disminuyen las tasas de embarazo adolescente, y además, los índices de deserción escolar, consumo de sustancias psicoactivas y el ingreso de los menores a bandas criminales. Así mismo, en los colegios de jornada única se logra detectar más fácilmente quienes están siendo víctimas de matoneo en la escuela o de violencia física o sexual, ya sea afuera o al interior de sus hogares.

Bogotá tiene una gran tarea en este aspecto. Solo el 13.63% de los estudiantes de los colegios con matrícula oficial están en jornada única. Son cerca de 102.000 estudiantes.

Estos estudiantes están ubicados en 186 colegios, de los cuales 120 son colegios distritales, 22 son colegios en administración del servicio educativo y 44 son colegios privados con matrícula contratada por el Distrito.

El reto para la ciudad es llegar a un porcentaje mucho más alto de estudiantes que asisten a jornada única, hasta llegar paulatinamente al 100% de cobertura.

No es una tarea fácil, y se habla siempre del costo que le implica a la ciudad llegar a cumplir con esta meta. Sin embargo la educación no debe verse como un gasto sino como una inversión. Estamos invirtiendo en el futuro de la ciudad y del país.  Serán  jóvenes mejor preparados que hablen al menos dos idiomas y que aportarán al crecimiento y desarrollo competitivo de nuestra ciudad. Veremos que a largo plazo tiene un alto retorno para la ciudad.

Además de la jornada única también hay que apostar a la formación para el trabajo, y en aumentar los cupos y los créditos para ingresar a la educación superior.

Hay que trabajar de la mano academia, sector público y sector privado, para definir políticas que permitan una verdadera cualificación para la oferta laboral existente.

Vemos a miles de jóvenes frustrados no solo porque no pueden ingresar a la educación superior sino porque, así lo logren, se enfrentan a un mercado laboral competitivo que no tiene a veces la suficiente oferta que ofrecerles, y los salarios cada vez son más bajos y sin condiciones laborales estables.

Por eso es tan importante una verdadera política distrital de formación para el trabajo, que logre adecuar las necesidades de la oferta laboral con la demanda, basada además de nuevo en educación de calidad en cualquier ámbito.

Además, en Bogotá hay que seguir trabajando porque exista una educación inclusiva para los niños y jóvenes. Esto incluye la formación a los docentes en Diseño Universal para el Aprendizaje, que es una herramienta que permite adaptar su práctica pedagógica para enseñar a los estudiantes con discapacidad.

Para lograr una Bogotá más equitativa se deben disminuir las brechas sociales que existen desde la infancia, se agrandan durante la juventud y se vuelven casi imposibles de eliminar en la adultez. Y es la educación, desde la primera infancia, una herramienta vital para lograr disminuir esas brechas.

Desde mi trabajo en el Concejo de Bogotá, he reiterado mi compromiso con la educación de niños y jóvenes en Bogotá, y siempre trabajaré para construir y facilitar herramientas que permitan que el derecho a la educación de calidad sea una realidad para todos. Estoy convencida que a través de la educación, podemos contribuir notoriamente a mejorar la calidad de vida de todos los habitantes de Bogotá.

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