El Estadio Nemesio Camacho El Campín, uno de los íconos más importantes de Bogotá, tiene una historia que se remonta a principios del siglo XX. Su origen está vinculado a una iniciativa de Alberto Nariño Cheyne, descendiente de Antonio Nariño, quien promovió la idea de que Bogotá fuera sede de los Juegos Bolivarianos, lo que implicaba la construcción de un estadio. En 1935, Jorge Eliécer Gaitán, presidente del Concejo en ese momento, gestionó con la familia Camacho Matiz la donación del terreno de la hacienda El Campín. La cesión fue oficializada en febrero de 1936 y, ese mismo año, como alcalde de Bogotá, Gaitán impulsó la construcción del estadio, proponiéndolo como sede de los Juegos Panamericanos.
El 12 de octubre de 1936, un desfile estudiantil exigió la construcción del estadio, lo que llevó a Gaitán a destinar $250.000 para su realización. Así, el Estadio Nemesio Camacho El Campín fue inaugurado el 10 de agosto de 1938. Este acto de generosidad por parte de la familia Camacho Matiz fue un gesto de civismo ejemplar, ya que renunciaron a cualquier tipo de compensación, incluyendo exenciones de impuestos y pagos por valorización, lo que alivió las finanzas del municipio en un contexto de restricciones económicas.
Este espacio fue concebido con un propósito claramente social y deportivo, con el objetivo de garantizar el acceso al deporte para los sectores populares de Bogotá. Sin embargo, el cabildante bogotano José Cuesta ha señalado que, en la actualidad, el carácter social y deportivo original del estadio está siendo amenazado por el modelo de Alianza Público-Privada (APP) propuesto para su remodelación, que antepone los intereses privados a los derechos ciudadanos al deporte. En un contundente debate, el edil expuso las graves implicaciones sociales, urbanísticas y culturales de este proyecto, acusando a las administraciones de Carlos Fernando Galán y sus antecesores Enrique Peñalosa y Claudia López de vulnerar el legado de la familia Camacho Matiz y el compromiso con la comunidad establecido en la donación de los terrenos.
El concejal alertó sobre el contrato de la APP IDRD-SENCIA CTO-2772-2024, que otorga a un consorcio privado el control del estadio durante 29 años, con una inversión de 2,4 billones de pesos. Criticó que el Distrito solo recibirá el 1% de las ganancias generadas por el proyecto, una cifra que considera irrisoria dadas las dimensiones de la inversión. Además, destacó los impactos negativos que la remodelación podría tener sobre los espacios públicos y la infraestructura urbana circundante. La APP, según el cabildante, destruiría el Estadio Campincito y otros espacios deportivos históricos utilizados por la comunidad, para dar paso a negocios privados como restaurantes, zonas comerciales y un centro de e-sports. Esta transformación afectaría directamente a más de 5.000 predios en el área circundante, exacerbando los problemas de movilidad y calidad de vida de los vecinos.
En el transcurso de su intervención, también planteó una interrogante al director del IDRD sobre si, en el marco de la remodelación del estadio, se contempla la posibilidad de cambiar su nombre. Consideró que esta medida sería un grave error, ya que el Estadio El Campín está íntimamente vinculado con la historia y la identidad cultural de Bogotá.
José también subrayó la exclusión de los vendedores tradicionales del estadio, quienes durante más de 50 años han sido parte integral de la historia del Campín. Criticó la decisión de excluir a más de 200 familias, muchas de ellas trabajadoras de la tercera edad y mujeres cabeza de hogar, y denunció que esto no solo vulnera sus derechos laborales, sino que también representa un despojo cultural y social. La privatización del espacio, según el edil, permite que el lucro privado se anteponga a los derechos fundamentales de los ciudadanos.
Además, cuestionó el tamaño del nuevo estadio, que contará con una capacidad de tan solo 45.000 asientos. Comparó el aforo proyectado para El Campín con el de otros estadios, tanto a nivel nacional como internacional, y lamentó que la remodelación no responda a las verdaderas necesidades de la ciudad. Aseveró que, si se va a realizar una reconstrucción y ampliación del aforo, se debería proyectar una capacidad de 80.000 espectadores, comparando la situación de Bogotá con la de Barranquilla, que está avanzando hacia un estadio de 70.000 asientos.
El cabildante también hizo referencia a la resistencia de las barras futboleras, como Nación Verdolaga, Guardia Albirroja Sur y Gallinas Blue, quienes han expresado su preocupación por las decisiones tomadas en torno al futuro del estadio. Según el concejal, estas organizaciones han denunciado la privatización del espacio y la falta de consulta con la ciudadanía y las organizaciones deportivas. Las barras rechazan la eliminación de los espacios informales de comercio en los alrededores y la elitización de los precios de las boletas, que afectan principalmente a los sectores populares.
Finalmente, el concejal expresó su preocupación por los impactos ambientales y la falta de consideración de la comunidad en las decisiones que afectan al Estadio El Campín. En su intervención, propuso abrir un debate público sobre el futuro de este símbolo del deporte y la cultura popular en Bogotá, y abogó por un modelo de gestión más inclusivo y responsable con los intereses de la ciudadanía.
En este contexto, Cuesta Novoa presentó una propuesta para recuperar la tradición histórica, cultural y gastronómica del Palacio del Colesterol. Un proyecto de acuerdo que busca reconocer al Palacio del Colesterol como un espacio gastronómico de interés cultural, social y turístico para el Distrito Capital. Este homenaje honra una lucha por la resistencia, ya que el Estadio El Campín no puede ofrecer una experiencia completa sin el Palacio del Colesterol, un espacio emblemático que, durante décadas, ha sido un punto de encuentro tradicional para miles de hinchas de todos los equipos. Además de ser una plazoleta de comidas, el Palacio del Colesterol ha creado un ambiente único que forma parte integral de la vivencia colectiva y festiva del fútbol en la ciudad.
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