Bogotá tiene hoy sobre la mesa una oportunidad que va mucho más allá del fútbol. La posibilidad de convertirse en sede de los partidos de la Selección Colombia no es solo una aspiración deportiva, sino una decisión estratégica de ciudad que puede traducirse en crecimiento económico, generación de empleo y fortalecimiento del posicionamiento de la capital a nivel nacional e internacional.
Quiero reconocer a la Administración Distrital por la presentación de este proyecto de acuerdo, que propone adoptar incentivos para la realización de eventos deportivos de fútbol profesional en el Distrito Capital. Esta iniciativa responde a una visión moderna y competitiva de ciudad, que entiende que atraer eventos de alto impacto, como los partidos de la Selección Colombia, es una herramienta concreta para dinamizar la economía urbana.
Aquí no estamos hablando únicamente de deporte. Estamos hablando de turismo, comercio, hotelería, transporte, entretenimiento y servicios. Cada partido de la Selección activa una cadena de valor que impacta positivamente múltiples sectores económicos, generando ingresos, empleo y oportunidades para miles de ciudadanos.
En ese sentido, es fundamental entender que la exención del impuesto de industria y comercio (ICA) y de estampillas no representa una pérdida de recaudo. Por el contrario, es un mecanismo inteligente para atraer una actividad económica que hoy no está ocurriendo en Bogotá. La lógica es clara: sin incentivos no hay evento, y sin evento no hay ingresos; con incentivos, la ciudad activa una dinámica económica que supera ampliamente el beneficio tributario otorgado.
La experiencia de otras ciudades es contundente. Barranquilla ha logrado consolidarse como sede de la Selección Colombia gracias a incentivos similares, generando impactos económicos que alcanzan decenas de miles de millones de pesos por partido, con incrementos significativos en ventas, ocupación hotelera y flujo de visitantes. No se trata de casos aislados, sino de una estrategia sostenida que ha convertido el fútbol en un motor económico.
Bogotá, además, cuenta con todas las condiciones para capturar ese beneficio: infraestructura, conectividad aérea, capacidad hotelera, oferta gastronómica y una base empresarial robusta. La ciudad ya recibe cientos de miles de visitantes internacionales y tiene una plataforma turística consolidada que puede amplificar el impacto de estos eventos.
Por eso, esta discusión no debe centrarse en una exención tributaria aislada, sino en una decisión de competitividad urbana. La verdadera pregunta es si Bogotá quiere o no participar en esta dinámica de alto impacto económico.
Respaldar este proyecto es apostar por una ciudad que compite, que atrae inversión, que genera empleo y que entiende el valor estratégico de los grandes eventos. No es un sacrificio fiscal: es una inversión en desarrollo económico, en posicionamiento y en futuro.
Bogotá tiene todo para ser la casa de la Selección Colombia.
Ahora necesita tomar la decisión.








