Concejal José Cuesta Novoa denuncia presunta negligencia del alcalde Carlos Fernando Galán en el caso del joven Harold Aroca García

Creado: Jueves 25 de septiembre de 2025

El concejal de Bogotá, José Cuesta Novoa, citó a debate de control político en el Concejo Distrital para exigir respuestas frente a una pregunta determinante: ¿hubo presunta negligencia del alcalde Carlos Fernando Galán en el manejo de la desaparición forzada y posterior asesinato del joven Harold Aroca García?

Durante su intervención, Cuesta recordó su condición de víctima de desaparición forzada, tragedia que —según señaló— comparten más de 122 mil colombianas y colombianos. En sus palabras:
“El tiempo que me quede de vida haré todo lo necesario para que este país no olvide a las víctimas de la desaparición forzada.”

El cabildante advirtió que la vida de Harold presuntamente pudo haberse salvado si el Distrito hubiera actuado con decisión y diligencia:
“Si el Distrito Capital hubiera utilizado todo el poder institucional a su alcance, hoy Harold Aroca García estaría vivo y con sus sueños intactos”, subrayó.

Dentro de las revelaciones que hizo el concejal José Cuesta, y que causaron un profundo impacto durante su intervención, se encuentran las siguientes:

1. El concejal denunció el estremecedor hecho de cómo una niña menor de edad, instrumentalizada por los criminales, fue quien le entregó al padre de Harold el video que todo el país conoció. En ese video aparecen varios miembros de una banda criminal rodeando y empujando al niño Harold Aroca García, y se observa claramente que uno de ellos está armado.

El padre de la víctima relató que el día 6 de agosto fue contactado por teléfono por una mujer que afirmaba tener fotos y videos de su hijo, y le fijó una condición: debía subir solo a un punto específico. El padre no acogió esa condición y decidió ir acompañado de su hermano, pensando que quien le entregaría las imágenes sería una persona adulta.

Al llegar al sitio indicado, lo único que encontró fue la presencia de dos niñas menores de edad, sin ningún adulto. Inicialmente no les prestó mayor atención, hasta que una de ellas se dirigió a él, diciéndole que tenía imágenes de su hijo en su celular.

Sorprendido por la información, el padre le rogó de rodillas que le entregara el video. La niña respondió tajantemente que solo se lo dejaría ver. Cuando el padre vio las imágenes dantescas del secuestro de su hijo, volvió a suplicar para obtener una copia. Finalmente, la menor le transfirió el video a su celular, pero lo borró menos de un minuto después. Afortunadamente, en ese breve lapso, el padre logró reenviárselo a su hermano, tío de la víctima.

2. El concejal Cuesta, en compañía de los familiares de Harold Aroca y defensoras de derechos humanos de la corporación Mujer, Sigue Mis Pasos, decidió replicar el viacrucis y martirio al que fue sometido el joven por sus captores antes de su asesinato.

Durante el recorrido, Cuesta encontró que en menos de 70 metros del trayecto había seis cámaras de seguridad instaladas. Al internarse en el bosque perteneciente al Acueducto de Bogotá, hallaron una casa en la que viven guardias de seguridad con sus familias, encargados de custodiar el lugar.

Mientras caminaban, una mujer joven se acercó al grupo y les preguntó quiénes eran y a dónde se dirigían. Al identificarse, la mujer se disculpó, explicando:
“Disculpen, desde la central de vigilancia —que monitorea las cámaras de seguridad— nos pidieron que verificáramos quiénes eran ustedes.”

A 300 metros más arriba está instalada una segunda casa, también equipada con cámaras de seguridad.

En el marco del debate, el concejal le formuló un derecho de petición verbal a la gerente del Acueducto, Natasha Avendaño, preguntando:
“¿Por qué, si a nosotros, ciudadanos cumplidores de la ley, se nos exige identificarnos para ingresar al bosque, la empresa de Acueducto no alertó ni entregó información sobre la presencia de un grupo de criminales que cometían un delito de lesa humanidad como la desaparición forzada y posterior asesinato de Harold Aroca García?”

3. De acuerdo con la Fiscalía General de la Nación, Harold Aroca fue asesinado por sus captores el día 6 de agosto, entre las 3:00 y 4:00 p.m. La comunidad informó al concejal que, coincidentemente, a esa hora se escucharon cuatro disparos en la zona.

En las indagaciones realizadas por las buscadoras, encabezadas por su madre Carolina García, se entrevistó a los residentes de dos casas situadas dentro del bosque, propiedad del Acueducto de Bogotá.

  • En la casa más cercana a la carretera, los residentes confirmaron haber escuchado cuatro disparos de arma de fuego alrededor de las 3:00 o 4:00 p.m.
  • Sin embargo, en la casa ubicada 300 metros más arriba, que se encuentra a escasos 50 metros del sitio exacto donde fue hallado el cuerpo, los ocupantes negaron haber escuchado cualquier disparo.

Cabe señalar que en ambas viviendas residen celadores contratados por el Acueducto de Bogotá, entrenados profesionalmente para distinguir sonidos como el de disparos. Este contraste en los testimonios genera profundas sospechas sobre la veracidad de las declaraciones y sobre un posible encubrimiento de información clave para la investigación.

4. Cuando finalmente fue hallado el cuerpo de Harold Aroca García por su madre y por defensoras de derechos humanos, se alertó inmediatamente al CTI. Tras asumir el caso, el CTI dejó constancia oficial en su informe de que, dentro del bolsillo del pantalón del menor, se encontró un papel con el mensaje:
“Ja, ja, ja. Eso le pasa por sapo.”

Durante su investigación, el concejal Cuesta elevó un derecho de petición a la fiscal Elizabeth Rodríguez, delegada 251 ante los jueces penales del circuito y responsable del caso. Formuló dos preguntas clave:

  1. ¿Por qué no se preservó adecuadamente ese papel como evidencia del crimen?
  2. ¿Se ha verificado su autenticidad y cómo llegó ese mensaje al cuerpo de la víctima?

La respuesta oficial de la fiscal fue desconcertante:

“En atención a que las diligencias desarrolladas dentro de los actos urgentes no fueron dirigidas por la suscrita, no tengo información al respecto ni fundamentos jurídicos para pronunciarme sobre la presunta evidencia física mencionada.”

Ante esta respuesta, el concejal concluyó que, lamentablemente, el papel hallado por el CTI en el bolsillo del joven desapareció misteriosamente, vulnerando la obligación de preservar la cadena de custodia.

La importancia de esta prueba extraviada es mayúscula: mediante un procedimiento científico de análisis grafológico, se habría podido establecer el autor del manuscrito y, en consecuencia, identificar sin lugar a dudas a uno de los responsables de la desaparición forzada y asesinato de Harold Aroca.

El concejal también señaló presuntos vínculos entre el CAI de Los Laches y estructuras criminales, advirtiendo similitudes con el caso del CAI de Bosa, donde fueron asesinados los jóvenes Camila y Camilo. De acuerdo con información recopilada de diversas fuentes, el CAI de Los Laches tendría presuntas conexiones con al menos dos bandas delincuenciales que operan en la zona y que se disputan el control del tráfico de una sustancia estupefaciente conocida como “Tusi”. Según testimonios recogidos en el territorio

Finalmente, Cuesta dirigió sus críticas al propio alcalde Galán, a quien responsabilizó directamente por su presunta inacción:

  • “¿Por qué, siendo el máximo jefe de la Policía Metropolitana, no convocó de inmediato una búsqueda masiva con apoyo ciudadano?”
  • “¿Por qué no ofreció una recompensa que incentivara información oportuna?”
  • “¿Por qué no se desplegaron drones, sobrevuelos de helicópteros u otros mecanismos disuasivos?”
  • “¿Por qué guardó silencio absoluto desde el 5 de agosto hasta el 10 de agosto, pronunciándose solo tras la presión ciudadana y de redes sociales, más de 26 horas después del hallazgo del cuerpo?”

La premisa central del debate del concejal Cuesta es la siguiente: para las instituciones estatales, toda vida debe valer exactamente lo mismo.

Lamentablemente, el concejal observó un doble rasero por parte del Distrito Capital al momento de atender situaciones semejantes de vulneración del derecho a la vida.

El repudiable magnicidio del que fue objeto el senador Miguel Uribe Turbay, frente al cual el Distrito Capital, como correspondía, se empleó a fondo con todas sus fuerzas institucionales para reaccionar con eficacia desde el momento en que se conoció el atentado, y durante todo su proceso de recuperación, contrastó con la enorme deficiencia, desgano, negligencia e inacción institucional que caracterizó la conducta del Distrito frente al lamentable episodio del secuestro, desaparición forzada y posterior asesinato del joven Harold Aroca.

El concejal concluyó con una afirmación categórica:

“Aquí se violaron derechos humanos fundamentales, en particular el derecho a la vida de un joven. Todo lo que expongo reafirma la hipótesis de que Harold presuntamente pudo ser salvado. En Bogotá no puede haber ciudadanos de primera y de segunda. La vida de Harold merecía ser defendida con toda la fuerza institucional.”

Oficina de prensa: 3161830922

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