En el marco de la plenaria del Concejo de Bogotá, la concejala Ana Teresa Bernal, del Pacto Histórico, alzó la voz en defensa del carácter social, comunitario y transformador de los Centros Felicidad (CEFEs), alertando sobre su progresiva privatización y cuestionando las prioridades de inversión de la actual administración.
“¿Qué sería de la convivencia y el desarrollo social si hubiera cinco o diez CEFEs por localidad?”, fue la reflexión con la que inició su intervención, subrayando el potencial de estos centros para fomentar la paz, el arte, el deporte y la salud mental, especialmente en los sectores más vulnerables de Bogotá.
La concejala recordó que, aunque la idea original de los CEFEs surgió en el gobierno de Enrique Peñalosa, fueron pensados como espacios abiertos y democráticos para el disfrute comunitario. Sin embargo, denunció que hoy están siendo capturados por intereses privados que los convierten en servicios pagos, afectando a quienes más los necesitan. “Lo social no puede seguir contaminado por la lógica del capital, que transforma lo público en negocio y lo común en privilegio”, señaló.
Bernal fue enfática al advertir que la “rentabilidad social” de estos espacios no puede medirse con balances financieros, sino con indicadores como cohesión comunitaria, masificación del arte y el deporte, oportunidades para jóvenes y bienestar emocional. “El retorno que ofrecen los CEFEs es en grados de felicidad, no en dividendos contables”, afirmó.
Uno de los casos más preocupantes, según la concejala, es el del CEFE de Chapinero, ya operado por un privado que impone sus reglas, y el de San Cristóbal, que estaría bajo la gestión de una empresa privada, cobrando por servicios que deberían ser gratuitos y de acceso universal.
Además, denunció que de los siete CEFEs prometidos, solo cuatro han sido abiertos, ya con señales de privatización, mientras que los de Gibraltar y San Bernardo siguen sin construirse. Tampoco hay información clara sobre su futuro. “La administración actual ha dejado en el olvido estos proyectos clave para el desarrollo humano, igual que el campus universitario de Suba. En cambio, prioriza la construcción de la vía Suba–Cota por 1.2 billones de pesos, una obra que beneficiará a los propietarios de grandes terrenos y no a la mayoría de la ciudadanía”, añadió.
La concejala comparó directamente los impactos: con ese monto, podrían construirse 16 CEFEs como el de Chapinero o 4 campus universitarios públicos, beneficiando a más de 80.000 jóvenes y un millón de personas. “¿Cuál es la verdadera rentabilidad que necesita Bogotá? ¿Una vía para el capital o espacios para la felicidad colectiva?”, cuestionó.
Finalmente, Bernal hizo un llamado urgente: “¡Bogotá no puede seguir siendo una ciudad pensada para el billete! Tiene que volver a ser una ciudad para la gente, para el bienestar, para la dignidad de quienes han sido históricamente excluidos.”
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