Esto es, porque no existe claridad normativa sobre en quién recae la responsabilidad de su recolección. Asimismo, el uso que les sigue a las llantas tiene profundas implicaciones ambientales, especialmente en el esquema actual de su uso como combustible. En este sentido, resulta imperativo generar una reglamentación clara e informada sobre el proceso a seguir tras el desecho de este material desde el momento de recolección hasta la destinación final.
Desde la administración anterior, se había hecho un intento porque el Estado asumiera la logística de manejo de las llantas desechadas argumentando una preocupación por el daño ambiental generado en la explotación de este material en el esquema de recolección existente. Esta postura se presentó en contravención con lo que se tenía estipulado otrora. Se suponía que esta responsabilidad correspondía a fabricantes y comercializadores. En la práctica, lo que sucedió es que lo propuesto por esa administración no se llevó cabo y entonces el problema no pudo sino empeorar cuando ni privados ni el Estado asumieron esa carga.
Los puntos críticos de acumulación de residuos son las localidades de Fontibón, Puente Aranda, Teusaquillo, Barrios Unidos, Kennedy y Chapinero. Recientemente, mediante una acción de cumplimiento, un ciudadano intentó obligar a los productores y distribuidores locales a cumplir con la obligación de encargarse de la recolección de llantas usadas acumuladas en la zona. Sin embargo, el Consejo de Estado confirmó lo que se ha venido argumentando desde el principio que es la existencia de un vacío normativo sobre este tema, por lo que no su petición no prosperó.
Preocupado por esta situación, el Concejal Edward Arias insta a la generación de una reglamentación adecuada sobre la disposición de llantas usadas en Bogotá. Se debe generar una normatividad consciente del impacto que tiene este material más allá de la contaminación visual que se genera por su acumulación en vía pública. La generación de residuo en los subsuelos y gases carcinogénicos y mutagénicos por la quema de las llantas como forma de combustible alternativo como lo propone la actual administración, también resulta profundamente inquietante. Es claro entonces que se debe legislar no sólo sobre la recolección inmediata del material, sino también por su uso posterior.






