Debate sobre contratación directa enredó las cosas en vez de aclararlas

Bajo el actual gobierno sí ha aumentado la contratación directa pero no en las desmedidas proporciones que planteó un concejal en debate en el Cabildo. Exageraciones como ésas no ayudan a combatir el fenómeno.

En boletín difundido con ocasión de un reciente debate en el Cabildo Distrital, el concejal Javier Palacio afirmó que “desde que Gustavo Petro es alcalde la contratación directa pasó del 20% al 85.65% en 2012[, el] 79.73% en 2013[y el] 79.46% en 2014”. Y añadió: “hablamos del 20% porque recuerdan ustedes que el  génesis [sic] del carrusel de la contratación según el propio Petro, fue que en la anterior administración la contratación directa pasó del 5% al 20%”. La conclusión de Palacio es perentoria: “pues hoy quien denunció esa práctica la cuadruplicó”.

 

La verdad es que el examen a la contratación de Palacio es completamente diferente al que Petro, Avellaneda y de Roux plasmaron en su informe sobre el carrusel de la contratación de noviembre de 2010. Es como si hablaran dos idiomas diferentes, por lo cual no son comparables.

 

Palacio contó contratos, no valores de los contratos. Al hacerlo así, le dio el mismo peso a una orden de prestación de servicios de pequeña cuantía que a una mega licitación de obra pública. Como la mayor parte de los contratos de la administración tienen que ver con la vinculación de personal y esas operaciones no se sacan a licitación, siempre que el examen se haga por número de contratos y no por cuantías, el resultado mostrará un gran predominio de la contratación directa. Eso vale para el gobierno de Petro y para todos los anteriores.

 

El informe de Petro, Avellaneda y de Roux trabajó, en cambio, con el valor de las operaciones, no con el número de las mismas.

 

Ahora bien, por la manera como lo reseña Palacio, parecería que el informe afirmara que, en la administración de Samuel Moreno, el conjunto de la contratación directa pasó del 5% al 20% como proporción de la totalidad de la contratación. Pero eso no es cierto. Al dar esas cifras en el Cuadro 2.2 del informe, sus autores se refieren al aumento de la contratación directa como porcentaje de un segmento acotado de contratos: el de los que no son de obra pública ni de cuantía inferior a $300 millones de 2009. En otras palabras, estaban excluyendo dos tipos de operaciones: las de construcción de obra pública, de montos importantes y que casi siempre se licitan, y las del amplio y variado conjunto de contratos cuyo valor estaba por debajo de los mencionados $300 millones, los cuales, como corresponde a su tamaño, casi siempre se celebran de manera directa. Por razones relacionadas con las fuentes y la metodología, en ese cuadro se estaba trabajando, pues, con una porción delimitada de los actos contractuales, a diferencia de lo que hizo el concejal Palacio, que fue partir del universo entero de la contratación. El informe hablaba de peras, el concejal de manzanas.

 

Si se aplican las mismas restricciones del Cuadro 2.2 a los actos de la actual administración, se verá que el salto no es del 20% al 80% u 85% de que habla Javier Palacio, sino mucho menor. Y si se trabaja con la totalidad de los contratos, medidos por su número y no por su cuantía, se verá que los porcentajes de contratación directa en esta administración no están tan lejanos de los de anteriores gobiernos.

 

Para marcar un gran brinco en el supuesto deterioro de la contratación y fundamentar su denuncia, Palacio partió de un porcentaje, el del 20% y llegó a otro del 80 u 85%, pero aquél y éstos se referían a bases nada comparables. Con esa forma de manejar los datos y marcar contraste, sería posible demostrar cualquier cosa.

 

Por eso sería de esperar que los órganos de control distritales, que en unas primeras declaraciones avalaron las afirmaciones del concejal, aclararan en detalle su posición, con cifras en la mano.

 

Lo malo de todo esto es que en el gobierno de Petro sí ha avanzado la tendencia hacia la reducción de los procesos competitivos de selección de contratistas, como las licitaciones y la selección abreviada, y el aumento de la contratación directa. Pero las exageraciones y los exabruptos no ayudan a precisar el alcance del fenómeno y al enredar las cosas, dificultan la tarea de medirlo, entenderlo y combatirlo.

 

[Ver la parte pertinente del informe de Petro, Avellaneda y de Roux de noviembre de 2010]

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