En el marco del Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas del Conflicto Armado, la concejal realizó un acto conmemorativo: peluches con códigos QR que resguardan historias de vida. A través de esta iniciativa, se visibilizan los relatos de quienes han sufrido en carne propia los estragos del conflicto armado, dando voz a memorias que no pueden ni deben ser olvidadas.

Hoy sabemos, con cifras oficiales del Observatorio Distrital de Víctimas (RUV) que en nuestra ciudad viven más de 380 mil víctimas del conflicto armado a diciembre del 2025. Bogotá es, ante todo, una ciudad receptora de desplazamiento forzado ya que cerca del 91% de estas personas llegaron huyendo de la violencia, en busca de un refugio, de oportunidades que muchas veces siguen siendo esquivas para ellos.
“Pero hay una realidad aún más urgente: la guerra sigue teniendo el rostro de la infancia. Más de un tercio de las víctimas en Colombia son niñas, niños y adolescentes, y en Bogotá hablamos de cerca de 72.789 menores de edad que han sido víctimas del conflicto armado. No podemos normalizar que la niñez cargue las consecuencias de la guerra” Argumentó la cabildante
Bogotá no vivió la guerra como otros territorios, pero sí vive todos los días sus consecuencias. Se ven en los colegios, en los barrios, las zonas de mayor concentración donde reside la primera infancia víctima son: Ciudad Bolívar: 9.169, Bosa: 8.696, Kennedy: 8.329
Por eso, hoy quiero ser clara: conmemorar no basta. La memoria no puede ser un acto vacío. La memoria tiene que convertirse en decisiones, en presupuesto, en políticas públicas efectivas. Necesitamos más inversión social, pero, sobre todo, inversión bien dirigida: acceso real a educación, a salud, a vivienda digna y a oportunidades para las víctimas, especialmente para nuestros niños y niñas.








