La producción alimentaria con base en cultivos transgénicos atenta contra la soberanía alimentaria extinguiendo especies de semillas nativas y resulta una grave amenaza ambiental dado que estos métodos involucran grandes cantidades de agrotóxicos. Colombia llega tarde al debate sobre los cultivos transgénicos. En Europa llevan años luchando contra esta amenaza e inclusive los gobiernos de ocho países los han destruido y prohibido en sus territorios. Países como Francia, Hungría y Rumania incluso abogan por su abolición en toda la Unión Europea. Colombia está a tiempo de revertir esta nefasta tendencia.
A propósito de esta inconveniente alternativa de producción alimentaria, el concejal ambientalista Roberto Sáenz insistió en lineamientos para una política alimentaria libre de transgénicos. "En Colombia no solo debe garantizarse la seguridad alimentaria con una producción de alimentos suficiente, sino que debe pensarse de manera sistémica en todos los factores relacionados en la producción agrícola. Por una parte el campesinado debe contar con condiciones para vivir dignamente cultivando semillas nativas y conservando sus métodos tradicionales de producción que no agreden la tierra ni contaminan las cuencas. En Colombia, las políticas alimentarias que promueven los cultivos transgénicos con el sofisma de la productividad, no deben compeler al agricultor a modificar sus métodos de producción limpia hacia otros que contaminan el agua y la tierra, además de producir efectos nocivos en la salud del campesino y del consumidor. Colombia debería transitar hacia un modelo agroecológico de producción como vienen haciendo otros países de la región y otras latitudes."
Con respecto a las costumbres alimentarias y a la insistencia por transitar hacia una alimentación vegetariana, el cabildante Sáenz recordó que "recientemente la ONU ha ido aún más allá instando con carácter de urgencia a un cambio global hacia la alimentación vegana como acción necesaria para salvar al mundo del hambre, la escasez de combustibles y los peores efectos del cambio climático. La industria ganadera y avícola además de ser altamente contaminante conlleva un grave maltrato a los animales. Comer carne de animales es una acción cotidiana de violencia que debemos buscar erradicar de las costumbres alimentarias en nuestros hogares. Existe además abundante evidencia científica sobre las afectaciones negativas de la ingesta de carne a la salud humana" puntualizó el concejal ambientalista quien además da ejemplo llevando una dieta vegetariana.






