Al ver los cerros orientales de Bogotá, vemos una gran marca verde que es interrumpida por una serie de canteras amarillentas que se ven desde cualquier punto de la ciudad. Estas canteras, en muchos casos son rezagos de años de explotación minera que no tuvieron ningún tipo de control, ni tampoco consideración con los recursos forestales de la ciudad.
Hace unos 50 años, los cerros orientales tuvieron un proceso de forestación, donde se sembraron cientos de árboles de diferentes especies arbóreas, dentro de las que predominaron las especies foráneas. Esto produjo un desbalance ambiental.
Los cerros se empezaron a convertir, gracias a la gran cantidad de eucaliptos, pinos, entre otros, en una despensa de madera. Un gran porcentaje de esta explotación ha sido de manera ilegal, afectando ecológicamente un entorno afectado por estas especies ‘invasoras’.
Esta afectación se ha visto acompañada por una histórica explotación minera de los cerros. Grandes canteras que por años funcionaron sin control, hoy han dejado una gran cicatriz en el borde oriental de la capital del país.
Hoy nadie responde por esta afectación, no se sabe quién explotó de manera legal estas canteras y mucho menos quien lo hizo de manera ilegal. Nos deja en una situación muy vergonzante frente a los cerros. Ya que la responsabilidad frente a estos es mínima, pero afectación ha sido excesiva.
Tristemente, lo que hemos hecho con los cerros casi siempre ha estado mal, explotación indiscriminada de recursos mineros, exploración descontrolada de madera, exceso de construcciones sin respeto ambiental; y cuando se quiso hacer algo bueno por los cerros, se sembraron especies foráneas que afectan el entorno. Hoy tenemos una deuda histórica con los cerros orientales, tenemos que buscar alternativas ambientales y financieras para recomponer el daño que se ha hecho, en la zona más imponente de la ciudad. Seguiremos trabajando para buscar alternativas viables y certeras para rescatar nuestros cerros.






