Bogotá es una ciudad que ha tenido severos errores de diseño, ya que la ciudad está centrada en el corredor oriental. Es decir, la ciudad funciona como un corazón. En la mañana hace un movimiento como la sístole, ya que el flujo es hacia el centro y la población se contrae. En horas de la tarde se hace el movimiento contrario, tal cual como la diástole, ya que el flujo poblacional es hacia los extremos.
La principal arteria de la ciudad es la Avenida Caracas que hoy mueve cerca de 60 mil pasajeros /hora/sentido. Esta troncal desfoga su carga en las troncales de la Calle 80 y la Autopista Norte, siendo esta última troncal la segunda más cargada de todo el sistema.
Sí revisamos los datos poblacionales, podemos darnos cuenta que Bogotá necesita que el flujo de pasajeros que se moviliza en transporte masivo, de Norte a Sur en horas de la mañana, se equilibre con una troncal como la de la Carrera Séptima, que irá hasta la Calle 190. Beneficiando a las localidades de Usaquén y Chapinero, mejorándoles la movilidad a los pasajeros de Suba Oriental, quienes se han quejado de manera reiterativa del nivel de ocupación que tiene el sistema Transmilenio en esta zona de la ciudad.
Finalmente, es importante aclarar que la ciudad tiene la capacidad de endeudamiento suficiente como para poder construir esta importante pieza de la movilidad para el norte; que según se ha demostrado en varios estudios cuenta con las zonas más congestionadas en horas pico, entre semana, y fines de semana. Sectores como la ‘Zona T’, el Parque de Usaquén, Unicentro, entre otras, presentan grandes atascos en horas de la mañana, por no contar con el suficiente transporte masivo para todos, porque como ya se mencionó, la Autopista Norte recibe toda esta carga de pasajeros.






