Hoy, 9 de abril, con el corazón lleno de respeto y compromiso, me uno a la conmemoración del Día Nacional de la Memoria y la Solidaridad con las Víctimas del Conflicto Armado en Colombia.
Es una fecha profundamente significativa, que nos llama a recordar, a reconocer y a honrar la dignidad de quienes han vivido el horror de la guerra en carne propia. Hoy hablamos desde la memoria y actuamos desde la solidaridad.
Como país, llevamos el peso de una historia dolorosa que aún exige verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición. Según el Registro Único de Víctimas, al 28 de febrero de este año, más de 9,8 millones de personas han sido víctimas del conflicto armado, el 50,2 % son mujeres. El desplazamiento forzado sigue siendo el hecho victimizante más recurrente, con más de 8,8 millones de personas afectadas.
En Bogotá, hoy se reconocen oficialmente 363.881 personas víctimas del conflicto armado. Nuestra ciudad sigue siendo territorio de acogida, especialmente para comunidades étnicas e indígenas que huyen de la violencia.
Como ciudad y como país, aún enfrentamos desafíos urgentes: la desarticulación entre entidades, la falta de actualización de cifras y una débil planificación institucional que no responde con contundencia a las necesidades de las víctimas.
Por eso, hoy levanto mi voz con tres llamados urgentes:
- Al Gobierno Nacional, para que reglamente sin más dilaciones la Ley 2421 de 2024, que modificó la Ley de Víctimas. Es fundamental que esta reglamentación garantice la participación real de las víctimas. La reparación no puede seguir siendo una promesa aplazada.
- A la Administración Distrital, para que fortalezca la planeación y garantice la contratación oportuna de los equipos técnicos que acompañan las mesas de participación de víctimas. Sin apoyo técnico ni presencia institucional, no hay participación real.
- Y nuevamente a Bogotá, para que actúe con urgencia frente a las amenazas que sufren las víctimas en sus territorios. Su vida y su seguridad no pueden seguir siendo vulneradas. Protegerlas no es solo un deber legal, es una obligación ética.
La memoria no es un acto simbólico. Es un compromiso ético con quienes ya no están, con quienes aún buscan justicia y con las generaciones futuras. Reafirmo hoy mi compromiso con la verdad, la dignidad, la reparación integral y la no repetición.

Las víctimas no están solas. Seguiremos caminando a su lado, con acciones concretas, con decisión, y con el corazón abierto a la reconciliación.
Partido Liberal Colombiano







