No existe proceso ambiental en la ciudad que niegue el sobrehumano esfuerzo con el que ecologistas de Suba en los años 90 le mostraban al mundo que las llamadas Chucuas eran ecosistemas estratégicos y sus áreas debían ser protegidas por los rellenos de escombros autorizados en ese entonces. Hoy 30 años después, la Conejera como humedal llama a la conciencia ambiental de la ciudadanía, pero no sería su significancia tan notoria, sino estuviesen de por medio los apellidos Alcocer y Gutiérrez. Lo profundamente preocupante del estado de nuestro patrimonio ecológico, va más allá.
Por más de 3 años se perdió el modelo de gestión para los humedales; Tibanica al sur colindando con Soacha se le reduce su potencial hídrico y de forma tardía reacciona la autoridad ambiental; hoy no existen suficientes intérpretes ambientales y la vigilancia es insuficiente.
Sin número de situaciones adversas como conexiones erradas, falta de administración, perdida de la fauna asociada, cero crecimiento en la extensión de su zona protegida, desvinculación de los procesos sociales, son los agravantes de los humedales en la ciudad. No obstante aun con todas estas precariedades, que el Alcalde Mayor se haya prestado para proteger constructores en vez del ecosistema, es un exabrupto.
Si bien la retórica ha ganado terreno y la ejecución en la protección de los humedales es muy baja, en lo concerniente al humedal la Conejera, lo que Gustavo Petro puede hacer con relación a la urbanización reserva Fontanar es poco o casi nada. La urbanización cuenta con los documentos legales, todo se encuentra en forma, es así como el decreto nacional 1469 de 2010, el Acuerdo 06 del 90, licencias expedidas por Curadurías e incorporaciones, entre otros, sustentan legalmente la construcción. No obstante, mal hace el Alcalde en atribuirle la salvación del humedal a una modificación excepcional del plan de ordenamiento territorial o afirmar que con la reserva Tomas VanderHamer los edificios reducen su posible impacto ambiental.
No le hace bien a la ciudad que la autoridad ambiental proponga lo imposible, como por ejemplo: ampliar en 50 metros el perímetro de protección para los humedales, cuando no existe posibilidad fiscal en la compra de los predios, o solicitar a la nación el licenciamiento ambiental de construcciones a 100 metros, cuando ni siquiera se han dado acciones de intervención en las zonas de riesgo medio. La única opción sería adquirir con los recursos del Distrito el predio e indemnizar al constructor por violar el principio de confianza legítima y seguridad jurídica, cifra que lamentablemente no ha se incluyó en el proyecto de presupuesto de 2015.
Acompaño la autónoma lucha de los activistas en defensa del Humedal Conejera que cumplen 2 meses en protesta, como de igual manera siento injusta la arremetida contra el alcalde que, aunque no muestra con hechos la progresista política ambiental de la Bogotá Humana, sería uno de los últimos en atentar contra el patrimonio ecológico de la misma.






