Bogotá cuenta con una red de ciclorutas de 396 kilómetros en las que se realizan diariamente en promedio 400.000 viajes en bicicleta. Según reporte oficial, en 2013 se presentaron 1.320 casos de hurto de bicicletas, casi 4 casos diarios, cifra superada a la registrada en 2012 (1.258). Las localidades más afectadas con este fenómeno fueron Suba, Kennedy y Usaquén.
Según encuesta aplicada por mi equipo de trabajo a una muestra de usuarios de las ciclorutas, el 45% considera que se encuentran en mal estado, el 23% regular y para el 11% es pésimo. Solo el 6% percibe que las ciclorutas están en buenas condiciones. Adicionalmente, el 59% de los usuarios de las ciclorutas se sienten inseguros cuando transitan en ellas, en gran parte porque, para el 78% son insuficientes las medidas de seguridad y hay varios tramos sin iluminación.
Pero no solo los hurtos explican la inseguridad de las ciclorutas. También los obstáculos que se presentan para el ciclista, como la ocupación de la vía por parte de los vendedores informales, falta de cicloparqueaderos, señalización errada, baja presencia de árboles y altos niveles de contaminación por emisión de gases de automotores que afectan la salud de los ciclistas. De hecho, son las localidades de Kennedy, Puente Aranda y Bosa las que presentan peor calidad de aire y las que menor cantidad de árboles por habitante tienen. Lo más dramático es que justamente es en esas tres localidades donde ser registra el mayor número de ciclistas.
Pero el problema se vuelve crítico cuando la administración decide pasar de la cicloruta al bicicarril, con la excusa del ahorro presupuestal, justo en un momento en el que solo ha cumplido en un 5% con la meta del Plan de Desarrollo de construir 145 kms de cicloruta.
Pero, ¿cuál es la diferencia entre ambas opciones? Mientras que las ciclorutas implican un mejoramiento urbanístico con arbolado y mobiliario para el ciclista, los bicicarriles son una adecuación de un carril de automóvil dispuesto para el ciclista, apenas separado del carril central por elementos adheridos al pavimento.
La verdad es que los bicicarriles no tienen infraestructura propia. Literalmente el ciclista queda al lado del tubo de escape de los automotores incumpliendo con las normas de protección de la salud de los biciusuarios. De hecho, esta condición los hace especialmente vulnerables para mantener su continuidad en el tiempo, quedando al vaivén de las disposiciones de cada gobierno.
Finalmente, dada la problemática de movilidad es claro que la vía debe tener prioridad para el transporte público y después para otros modos de transporte. El bicicarril sacrifica otros modos de transporte público.






