Concejal de Bogotá y Vocero Movimiento Progresistas
La “ciudad compacta” no es un planteamiento nuevo de la propuesta de modificación excepcional del Plan de Ordenamiento Territorial. Es una prioridad del POT vigente, sustentado en la densificación y la revitalización del centro para evitar la ciudad extendida y consolidar la región como una red de ciudades.
En el ejercicio como ponente de la modificación excepcional del POT, considero que las reflexiones no deben enfocarse hacia el cambio del modelo. Lo que amerita una mirada juiciosa es determinar si las normas que se propone modificar subsanarán los vacíos que han impedido una ciudad compacta y la conurbación.
Con ello, es necesario desde ya revisar la relación entre los índices de edificabilidad y la densificación proyectada, justo en un momento en que la tendencia demuestra un decrecimiento demográfico. Y es entonces ahí donde surgen varias inquietudes, ¿Hasta qué altura se permitirá edificar? ¿Cuál es el número de viviendas a generar? ¿Cómo garantizará vivienda de interés social y prioritario en el centro ampliado? ¿Cuáles son los incentivos para ocupar el centro ampliado y reducir la carga en la periferia?
Actualmente, la Administración Distrital retoma la importancia de controlar el crecimiento desmedido de los bordes de la ciudad, sustentado, entre otros argumentos, en los altos índices de densificación en las localidades de la periferia evitando afectaciones ambientales que trae la urbanización de la Sabana.
Hay que entender que Bogotá es una de las ciudades más densas de América, con 191.9 Habitantes promedio por Hectárea según datos de 2011. Principalmente en las localidades de borde, Usaquén y Suba en mediciones de distancia de acceso a los equipamientos de salud, educación y cultura, alcanza hasta 9,4 Km en promedio para acceder a los equipamientos, mientras que en la Candelaria, Santa Fe o Los Mártires la distancia no excede los 1.5 Km. El contraste entre los bordes y el centro es claro: alta concentración de vivienda y déficit de equipamientos sociales en los bordes, junto con una alta concentración de equipamientos y baja densidad de ocupación de vivienda en el centro.
Con respecto a los impactos ambientales, cabe recordar que una de las dificultades del POT del año 2000, es que no pudo concertar con la CAR el tema de la Expansión Urbana hacia el norte de Bogotá, por lo cual fue aplicado un régimen diferido. Lo que se aprobó fue la expansión urbana para el sur en una extensión de 1195 Ha y hacia el occidente en la zona sur del Aeropuerto El Dorado. En la propuesta de revisión del año 2003 se buscó subsanar en parte estos vacíos ambientales, introduciendo el concepto de Bogotá – Cundinamarca donde la ciudad se consolida como el centro de servicios de la red de ciudades.
Sin embargo, diez años después no se ha logrado desestimular el crecimiento en bordes, no se ha mitigado las presiones por ‘suburbanización’ en la Sabana, cerros colindantes y no se ha podido implementar procesos de renovación urbana en las zonas céntricas subutilizadas. La norma urbanística existente no ha permitido consolidar la apuesta de un centro consolidado. ¿Y cómo queremos nuestra ciudad compacta?






