Sin lugar a dudas el ideal es fortalecer la empresa y financiar las obras que requiere la ciudad para superar el retraso de infraestructura que hoy nos detiene, nos cuesta y nos afecta a todos los bogotanos.
Hoy la EEB no posee las deudas que tenía en 1995, ni depende para su subsistencia de multimillonarias inversiones.
Afortunadamente en el primer gobierno de Antanas Mockus se tomaron decisiones estratégicas que sanearon las finanzas de la empresa, reestructuraron sus negocios para hacerla viable y rentable y se le brindó un mejor servicio a los bogotanos.
Hoy tenemos otro tipo de retos para garantizar que la EEB siga fortaleciéndose. Nuestro deber es buscar caminos que garanticen la transparencia y eficiencia en las decisiones que se toman, porque no podemos permitirnos otros casos de corrupción al interior de la empresa como el de TGI.
En tan solo tres años se hicieron dos operaciones oscuras sin ningún consentimiento ni transparencia. En 2011 se vendió el 31,92% de TGI por $400 millones de dólares, en 2014 se recompró ese mismo porcentaje por US842 millones de dólares. Por esta cuestionada operación hoy la Contraloría Distrital tiene abierto un juicio de responsabilidad fiscal por $509 millones de dólares, el más grande en la historia de la capital, en contra del exalcalde Petro y la junta directiva de su momento.
Entre más conozco el manejo que le dieron los gobiernos inmediatamente anteriores a las empresas públicas, más crecen mis angustias sobre negocios turbios y cuestionables que solo beneficiaron el bolsillo de algunos corruptos. Lamentablemente la lentitud de los órganos de control y Fiscalía, nos impide tener las certezas y nos imponen el camino de la desconfianza para asegurar el bienestar colectivo. Si cada gobierno de turno sigue haciendo negociaciones a espaldas de la ciudadanía y cambiando las decisiones estratégicas a su acomodo haremos inviable la empresa, por eso tenemos que blindarla para asegurar que el capital más preciado de los bogotanos no se pierda por cuenta de las pésimas decisiones y malos manejos.
Es por ello que la democratización de la empresa no es sólo buena como camino para financiar las obras que requiere la ciudad, sino que asegura un ajuste en el gobierno corporativo que blinda a la EEB de los vaivenes políticos y de las jugadas corruptas que afecten a la empresa, a las finanzas de la ciudad y a los bogotanos.
Aunque estuvimos indagando por otros caminos para financiar las obras de movilidad, lamentablemente la situación económica del país y de la ciudad los hacen inviables. La ciudad no da espera para salir del retraso vial que afecta directamente el bienestar de los bogotanos y por responsabilidad con los bogotanos y con el plan de desarrollo más ambicioso en la historia de la ciudad, nos vemos obligados a darle viabilidad a esta operación que pretende colocar en manos de los bogotanos acciones de su empresa más preciada. Quienes estén al frente de la empresa no solo tendrán que ser responsables con las inversiones del distrito, sino que deberán ser supremamente cuidadosos con la confianza que depositarán los bogotanos para asegurarles rentabilidad y transparencia.
Ahora le corresponde a la administración distrital invertir bien estos recursos. Lo debe hacer de manera eficiente para que los bogotanos veamos prontamente las obras que todos tanto demandamos. Pero adicionalmente cada peso debe invertirse transparentemente para evitar que nuevos carteles de la contratación vuelvan a resurgir. Cumplimiento de cronogramas, obras terminadas y probidad en las decisiones para invertir los recursos públicos deben ser las constantes de aquí en adelante para devolverle la confianza a la ciudadanía.
Aunque los sectores que tienen características de oligopolio, como el de la energía, deberían estar en manos del sector estatal, lamentablemente nuestra historia nos ha demostrado que este tipo de modelo es profundamente negativo y genera riesgos y problemas que van en detrimento de los recursos públicos. Lo mismo sucede cuando estos sectores terminan en manos exclusivamente de los privados. Por eso creo en juego de contrapesos que se da cuando el sector público y el privado tiene intereses en una misma empresa. Cada parte desarrolla capacidades para exigir mejores decisiones y mayor transparencia.
La pérdida del 20% de nuestra participación en la Empresa de Energía de Bogotá debe acompañarse de un mayor esfuerzo tributario. Si queremos más obras y más inversión social urgen ajustes para aumentar los ingresos vía predial, plusvalías y cargas de edificabilidad. Pero también son necesarias las acciones para lograr ahorros, reducir la evasión y aumentar las transferencias que la nación le entrega a la ciudad. Todo esto nos hará más sólidos económicamente y dará viabilidad al desarrollo que requiere la ciudad.
Si este proyecto sale adelante, el distrito conservará el control de la empresa ya que seguiremos siendo los socios mayoritarios al conservar el 56% de las acciones, permitiremos que nuevos actores de la sociedad tengan asiento en las decisiones de la empresa, garantizaremos los recursos que requiere la ciudad para adelantar las obras viales que necesitamos y le daremos un impulso a la economía de la ciudad ya que generaremos empleo, mejoraremos la productividad de la ciudad para asegurar así un mayor bienestar a los bogotanos.






