La concejala de Bogotá, Donka Atanassova, destacó el trabajo sostenido que durante más de un año han liderado las comunidades de La Macarena y La Perseverancia para frenar los piques ilegales en la vía Circunvalar, una problemática que ha puesto en riesgo la vida, la tranquilidad y la seguridad vial de los barrios aledaños.
“Este proceso no nació de una iniciativa institucional. Fue la organización barrial, la presión ciudadana y la persistencia en las mesas de trabajo lo que obligó a la administración distrital y local a tomar en serio esta situación”, afirmó la concejala.
Gracias a esa movilización comunitaria, se lograron medidas concretas como la instalación de reductores de velocidad y la puesta en funcionamiento de un puesto de control con cierta permanencia, acciones que solo llegaron después de meses de insistencia y exigencia desde el territorio.
Atanassova subrayó que, además del control, se ha insistido en el diálogo y la construcción de acuerdos consensuados, con el objetivo de evitar que esta problemática derive en confrontaciones entre distintos actores. “Hemos propuesto espacios de conversación y acuerdos mínimos, pero no ha habido disposición de algunos sectores para aceptarlos”, señaló.
La concejala advirtió que este fenómeno no es exclusivo de la Circunvalar y se repite en otros puntos de Bogotá, especialmente donde la comunidad no cuenta con el mismo nivel de organización. “En esos lugares seguimos viendo víctimas. Detrás de los piques ilegales hay economías ilegales, y el Distrito tiene la responsabilidad de actuar con seriedad y de manera sostenida”, agregó.
Finalmente, Atanassova fue enfática en rechazar narrativas que simplifican el problema: “No aceptamos el relato de ‘moteros vs. comunidad’. Aquí está en juego el derecho a la vida, la tranquilidad y la seguridad vial de niñas y niños, personas mayores y también de los animales de compañía. Lo que corresponde es control sostenido, prevención y acuerdos claros”.








